martes, 14 de junio de 2011

Carta a un amigo acampado en Sol (2ª parte)

Querido amigo:

Hace unas semanas discutí contigo sobre las incongruencias de un movimiento que pretende arrogarse la representación democrática, por canales nada democráticos. Como demócrata los tres aspectos que más me molestan del movimiento es lo siguiente:

1. El titulo. De entrada, vuestra tarjeta de visita mosquea a los muchos que estamos convencidos de que ya tenemos una democracia real, si bien manifiestamente mejorable. Pretender arrogaros la "realidad" de la "Democracia", no solo es pretencioso sino que nos deja a la mayoría de españoles bajo sospecha de ser pseudo-demócratas (¿apoyamos con nuestros votos a un sistema degenerado?) o de ser sencillamente idiotas (pobres de nosotros, no somos capaces de ver el brillo de vuestra Verdad en toda su magnificencia). Franco, ese gran "adalid" de las libertades, también hablaba de Democracia “Orgánica”. La Alemania subyugada por el comunismo era por supuesto una Republica Democrática Alemana. Cuando se añade un epíteto a palabras hermosas y llenas de contenido en si mismas, creo que hay algo que no funciona. Y eso me inquieta.

Viene al caso aquella frase de Marx (el genuino, el que con su ingenio no justifico millones de muertos y si de carcajadas) cuando los hermanos Warner trataron de impedirle el uso de la palabra "Casablanca" por haberla ellos registrado en 1941, tras rodar la famosa película de Bogart. Reproduzco de memoria, pero más o menos les escribió algo así: "Queridos Hermanos Warner: si les aceptara que la palabra Casablanca les pertenece por haber rodado esa película en 1941, entonces ustedes tendrán que renunciar a usar la palabra "hermanos" (Warner Brothers/Bros) por ser nosotros "hermanos" desde 1916, mucho antes de que ustedes crearan su empresa..."

Marx tenía razón. Hay palabras cuyo monopolio no puede pretenderse. Son patrimonio de todos. Y entre ellas se cuentan las mas sagradas: Democracia, Paz, Tolerancia, Libertad, Solidaridad, Fraternidad, Dialogo,... Por eso me indigna que un grupo decida en mi nombre, y sin mi democrático voto, que es “real” y que un simple sucedáneo.

2. El fondo. Ideologización. El 15-M empezó con unas ideas muy claras de regeneración democrática pero, por desgracia, en muy poco tiempo el abanico se abrió tanto que se transformó en un programa electoral a la izquierda de Izquierda Unida. Abundaban consignas ecologistas y muchos “Noes” (Nucleares No, No a la Guerra, No al BM y al FMI, No al capitalismo...). Ese ideario, aún no compartiendolo, me me parece perfectamente legítimo, pero para defenderlo en democracia no hay que tomar la calle. Me remito a la ética cívica y democrática, que no pueden reivindicarse precisamente saltándoselas a la torera. Es una contradicción en los términos en la que han caído sistemáticamente todos los líderes totalitarios (defiendo la Libertad encerrándote por disentir; defiendo la vida ejecutándote por discrepar...). Ya sé que el debate sigue abierto y que crece la frustración entre muchos de los pioneros del movimiento. Es comprensible que moleste.

3. La forma. Vuelvo al inicio de todo. Creo que el 15-M perdió una gran parte de la legitimidad social y muchas simpatías que había recabado (entre otras, la mía) cuando decidió saltarse las leyes y, por debajo de ellas, las normas de convivencia. A mi eso no me parece un mal necesario. El fin no justifica los medios. La urbanidad, el civismo, la ciudadanía y el respeto a las instituciones son esenciales para que no se vaya todo al carajo.

¿Te imaginas mañana 20.000 personas en Sol exigiendo la presidencia del gobierno para Belén Esteban o Cristiano Ronaldo y "Supervivientes" como currículo académico de nuestros jóvenes? Hay miles de personas que aprobarían esas propuestas alternativas, ambos lo sabemos (sobre todo si cala la idea de que nuestra democracia no es real). También hay miles que aprobarían cortarle los testículos a los violadores o la mano a los ladrones (por supuesto, en contrapartida, también podría haber miles de abusadores sexuales reclamando su libre derecho a violar niños). Me temo que si mañana se planteara en serio la vuelta de los espectáculos de gladiadores, también habría miles de personas dispuestas a concentrarse en Sol si con ello veían cumplidas sus aspiraciones.

Si en democracia el simple hecho de "Tomar la calle" legitima cualquier propuesta me temo que podemos tener acumulación de "Marchas sobre Roma" y "Putsch de la cervecería". En ese sentido, Aguirre ha acertado: Mussolini y Hitler (también la kale-borroka) siguieron la estrategia de tomar la calle denunciando que la democracia vigente estaba podrida. Ellos, por supuesto, tenían la receta para regenerarla y ya sabemos de qué modo lo hicieron. ¿A quien representan las asambleas de barrio? Como diria Zola: Yo acuso… que a mi no me representan.

Personalmente, y puestos a elegir fórmulas alternativas, prefiero mucho más el arcaismo de reunirse en el Agora para debatir los asuntos públicos. Pero conviene recordar que esa actividad cívica tan importante en la polis griega seguía unas normas estrictas de convivencia (¡otra vez!) y se fundaba en la oratoria, no en el ruido ni en la agitación que hoy envuelve nuestras vidas. El Ágora era, además, un lugar sagrado (en sentido literal) y, por cierto, centro de la vida comercial de Atenas. Nunca se vio el Ágora invadido de chinches, ni sus comerciantes agraviados. Te puedo asegurar que los hoplitas (¿o quizás peltastas?) de la primera Democracia de la Historia habrian desalojado a los profanadores del "espacio público" de manera tal que los antidisturbios que tanto os aconjogan os parecerían July Andrews en "Sonrisas y Lágrimas" (exactamente al principio de la película cuando aún es una alegre novicia).

Por eso yo, hombre obcecado, sigo defendiendo que en democracia los cauces no pasan por "tomar la calle" (aparte del constitucional derecho a manifestarse, solo faltaría). Hay muchas formas, y una de ellas crear un partido o una plataforma (tipo EQUO). Nadie ni nada os impide hacerlo (¡si, estamos en una democracia real!) y eso os permitiría conocer -sin ensoñaciones- el verdadero peso democrático que tenéis. Me temo que mucho menos del que pensáis tras la borrachera mediática de vuestro efímero mes de vida.

Habéis estado jugando a los "revolucionarios" en un contexto claramente democrático, en dónde precisamente por serlo se os deja hacer y molestar (es preciso que como ciudadano y amigo te diga que habéis sido molestos). Así es muy fácil, amigo. Creo que os habéis empachado de (auto) atribuiros calificativos a menudo demasiado serios y nobles. Habéis fagocitado esos atributos heroicos de los libros de historia, de algunos ensayos políticos y de la mística cinematográfica. Pero creo que también aquí habéis “okupado” unos valores que no os pertenecen. Habéis imitado la coreografía de otras revoluciones "reales", pero yo opino que aquí y ahora no los merecéis. Y eso también me molesta en el 15-M, quizás porque conozco bien como lucharon contra el totalitarismo otros revolucionarios de verdad. Para héroes los universitarios de la "Rosa Blanca", enfrentados contra Hitler. ¡Esos si!. Lo vuestro ha sido una "performance" cuyo “fundido en negro” final dejara reducido el movimiento a unas siglas políticas que trataran de rentabilizar con unos miles de votos el ruido de las cacerolas. Además, me temo que el movimiento va a sufrir escisiones cainitas (cada una de las cuales pretenderá haber heredado el fuego de Prometeo) y purgas frustrantes (afortunadamente también simulacros de las purgas estalinistas o nazis). Triste final para una indignación en su origen muy justificada.

Querido amigo, te he escrito todo esto tal cual lo siento, porque te conozco y sé que tu inteligencia y corazón no te instaran a quemar este mensaje, ni a tildarme de fascista.