jueves, 16 de junio de 2011

DAME UNA CAUSA (CUALQUIER CÁUSA) Y TE LLENARÉ LA PUERTA DEL SOL

Ese podría ser el eslogan promocional de los publicistas de mañana. A este paso no seria nada raro que algún avispado empresario (históricamente tan adaptables al medio hostil como las jerarquías eclesiásticas) decidiera que dado que las ventas de casi todo han bajado, seria bueno dedicarse a alguna tarea social. Hay grupos y seguidores de casi todo en Internet, que es dónde hoy en día se planea el asalto del Palacio de Invierno. No lo he buscado (¡Dios me libre!), pero seguro que hasta la casaca de Torrebruno debe tener seguidores suficientes como para llenar varias Puertas de Sol.

Y dado que Facebook, Twitter y otras redes sociales ofrecen muchísima información pública sobre nuestras filias, fobias y seguidores, no debería ser muy difícil "agitar" las pasiones e instintos de los miles de "fans" de una determinada "causa". Cuanto más visceral y básica sea, mejor. Todo lo que verse sobre sexo, estómago, ocio, hedonismo y gratuidad total de casi todo tiene enormes posibilidades de agrupar a miles de seguidores. Si, además, conseguimos asentar la idea de que "usted tiene derecho a esas cosas" será mucho mas fácil conseguir un alto nivel de indignación pues evidentemente no todo el mundo va a poder disfrutar de la misma vida sexual que Errol Flynn, por poner un clásico o estar dotado de la misma belleza que Liz Taylor o de la misma inteligencia que Ortega y Gasset o la misma capacidad de trabajo de mi abuelo, el maestro de Huitar. Y eso cabrea muchísimo. ¿Por que razón no soy yo tan guapo como Brad Pitt? ¡Tengo derecho a ello! ¡Me lo han asegurado otros miles de feos! ¡Ay, la envidia! El español y los siete pecados capitales.

Pero bueno, ya hemos visto que lo primordial es conseguir agrupar a unos miles de seguidores. Luego hay que enfadarles y subir gradualmente hasta indignarles. Ya hemos visto como. Una vez indignados, la cosa viene rodada. El 15-M de 2011 quedo demostrado que las autoridades estuvieron dispuestas a permitir a las turbas cosas que serian severamente penadas si fuesen realizadas con calma y sin asomo de indignación. ¡Indignémonos pues! ¿A que esta esperando?

¿Quiere usted que los chulos de piscina sean desterrados a una isla volcánica? (yo me haría "fan" de una causa así). ¿Los políticos no escuchan su justísima demanda? ¿No han tenido la sensibilidad de incluirla en sus programas? Pues no se preocupe, que nuestra empresa empieza a movilizar a los miles de ciudadanos que acamparían en Sol para erradicar a esos macarras de los baños públicos. Se cuentan por millones, a juzgar por nuestros estudios de foros sociales (por ejemplo: "Odio a Pepito Piscinas" tiene más de 500.000 fans ¡solo en Facebook! ¿Se imagina lo que podemos conseguir con esos 500.000 indignados?)

¿Le desasosiega a usted no pasar de 1,68 de estatura y ser gordito? ¡Tranquilo! Nuestra empresa es capaz de convocar a todos los bajitos regordetes de la UE (unos 15 millones según nuestras bases de datos) para exigir la promulgación de una Ley para subvencionar alzas Sarkozy y otra de "engorde forzoso" para los delgados a base de tartas de merengue, donuts y panceta (Objetivo 2015: 85% población UE con obesidad mórbida). Si la cosa no colase a la primera, no se preocupe. Podemos conseguir que entre 20.000 y 45.000 gordos europeos persigan indignados a los políticos más altos y esbeltos de la Comisión para hacerles ver a golpes las ventajas del sobrepeso y lo antidemocrático de su obcecada ceguera.

Además, la indignación crea adicción. Hemos comprobado la existencia del multi-indignado. Se trata de personas muy comprometidas con la Democracia de verdad, dispuestas siempre a abrirle la cabeza a cualquiera que no se indigne por "el acoso moral al escarabajo pelotero", ni por "la brutalidad de comer ostras crudas", ni por "el mensaje racista de un Darth Vader negro". Una vez que te indignas, sales a la calle, gritas, rompes cosas y te embriagas viendo tu foto en los periódicos con el encabezado de "La Libertad guiando al pueblo", hay que reconocer que resulta muy difícil no pasarse la vida cabreado. Angry pays! Los indignados son, en realidad, una versión moderna del viejo cascarrabias. El abuelo gruñón, al que todo le molestaba. La diferencia estriba en que el cascarrabias de antaño rumiaba su frustración en silencio o, a lo sumo, en el sufrido círculo familiar.

¿Le indigna que miles de personas concentradas en Sol le griten a usted y a otros millones como usted que no son demócratas "de verdad"? Tranquilo, sabemos como acabar con ello. ¿Ustedes son millones, verdad…?