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viernes, 28 de diciembre de 2012

EL FIN DEL MUNDO, LOS MAYAS Y RIGOBERTA MENCHÚ


Tuve la oportunidad de cenar con la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchu en agosto de 2010 (foto), al termino de un congreso internacional en Colombia sobre RSC en el que ambos participamos como ponentes. Dado que nuestras conferencias fueron consecutivas, esa noche cenamos juntos. Hablamos mucho y comimos aun mas (algo que no sorprenderá a quienes me conocen).

Me llamaron la atencion de Rigoberta Menchu varias cosas: su proximidad y dulzura, su modestia (que no me pareció una pose), su contundencia al no pretender perdonar a los asesinos de su familia "si ellos antes no pedían su perdón" y su enorme interés en el calendario maya y en el "Nahual" (valores y rasgos de personalidad asociados a los signos "zodiacales" mayas). En este ultimo aspecto, la premio Nobel era una verdadera creyente y de las tres horas que pasamos juntos, mas de dos estuvieron dedicadas a la importancia del "Nahual" y su influencia en casi todo.

Dado que soy un maldito escéptico en todo tipo de predestinaciones derivadas de conjunciones astrales o fuerzas de la naturaleza, me lo pase muy bien polemizando con la Sra. Menchu. ¡No siempre se tiene la oportunidad de contradecir a una Nobel de la paz frente a unas coca-colas light! :-) Por cierto, que prometió enviarme por e-mail la información correspondiente a mi "nahual" (ella estaba casi segura acerca del animal que me correspondia) y aún no lo ha hecho. ¿Acaso mi escepticismo la disuadió de ello?

He explicado todo esto a modo de preámbulo de esta noticia que hoy circula sobre unas declaraciones de Rigoberta Menchu acerca de la supuesta profecía maya sobre el fin del mundo que debería ser ... dentro de un rato!

He aquí la noticia:

"Rigoberta Menchú lamenta el mal uso y las burlas hacia el calendario maya

 La ganadora del Premio Nobel de la Paz hizo un llamado a la sociedad para dejar a un lado la idea sobre el fin del mundo

La Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, quien arribó el domingo pasado a Yucatán, México, lamentó "el mal uso" del calendario maya con la difusión de un supuesto fin del mundo, y llamó a revalorar el mensaje de paz y renovación que en realidad heredó dicha civilización.

"Es un buen momento para la reflexionar y pedir perdón por todo el daño a la humanidad", dijo durante la conferencia La cultura maya en el siglo XXI, dentro del Festival de la Cultura Maya 2012.

La promotora de los derechos indígenas se pronunció contra la errónea interpretación que se ha dado al calendario maya y que ha sido motivo de "burla en diferentes países", sobre todo Estados Unidos.

"Es una falsedad que se acaba la humanidad, porque eso es algo de mucho tiempo atrás. Debemos aprovechar para pedir perdón de todo lo malo que hemos hecho a lo largo de nuestra existencia", dijo.

Según Menchú existe "una total ignorancia del manejo del calendario maya", y "el sensacionalismo nos ganó. El 22 de diciembre, los mayas hablaremos de lo que significa el sagrado calendario maya".

Exhortó a la sociedad a realizar un "rito espiritual dejando atrás la religión para enfocarse en un encuentro propio. Hay incertidumbre en la humanidad. Es una burla lo que se ha hecho desde Hollywood sobre el calendario maya.

"El 21 de diciembre dediquen un momento para dar gracias a la vida, al sol, a la luna. Interactúen con el sol y la tierra, mediten, es una fecha espiritual para pedir perdón. El 22 esperen la salida del sol. será ahí cuando los mayas hablemos", indicó ante estudiantes, catedráticos y funcionarios de gobierno reunidos en las instalaciones del Gran Museo del Mundo Maya"

Las cosas más reales son aquellas que ni los chicos ni los hombres pueden ver



Hace mucho tiempo, el 21 de septiembre de 1897, “The Sun, un periódico de Nueva York desaparecido en 1950, publicaba la respuesta del diario a una carta enviada al director por una niña de ocho años que respondía al nombre de Virgina O´Hanlon.

La pequeña, que vivía en el 115 Oeste de la calle 95, en el elegante Upper West Side de Manhattan, preguntaba a “The Sun” algo absolutamente elemental y trascendental para alguien de su edad: “Estimado director: Tengo ocho años. Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe. Mi papá me ha dicho: si lo ves escrito en el Sun, es que existe. Por favor, dígame la verdad; ¿existe Santa Claus?”

Lo que en cualquier redacción del mundo hubiera ido directamente a la basura, se convirtió gracias a la pluma del periodista Francis P. Church, en un artículo editorial inolvidable que, todavía hoy, se sigue publicando, en fechas navideñas, en muchísimos medios informativos del mundo.

El veterano reportero, que había cubierto varias guerras y conflictos a lo largo y ancho del mundo, recibió con desagrado inicial la tarea de dar cumplida respuesta a la carta, tal y como le había encargado el director del periódico, Edward Mitchel. Pero, a pesar de ello, Francis P. Church compuso una auténtica obra maestra, imposible de relegar al polvo del olvido que habitualmente se acumula en las hemerotecas.

LA CARTA AL DIRECTOR DE VIRGINIA:

Querido Editor: Tengo 8 años. Algunos de mis pequeños amigos dicen que Papá Noel no existe. Papá dice "Si lo dijeran en 'The Sun', así sería". Por favor díganme la verdad ¿existe Papá Noel. Virginia O'Hanlon.




RESPUESTA DEL PERIODISTA FRANCIS P. CHURCH:

Virginia, tus pequeños amigos están equivocados. Ellos han sido afectados por el escepticismo de una época escéptica. Solamente creen lo que ven. Piensan que no existe nada que no sea comprensible por sus pequeñas mentes. Todas las mentes, Virginia, sean de hombres o de chicos, son pequeñas. En nuestro gran universo, el hombre es un mero insecto, una hormiga, en su intelecto, en comparación con el mundo ilimitado alrededor, y con la inteligencia incalculable necesaria para aprehender toda verdad y conocimiento.

Sí, Virginia, Santa Claus existe. Él existe con tanta seguridad como existen el amor y la generosidad y la devoción, y tú sabes que ellas existen y dan a tu vida la mayor belleza y alegría. ¡Ay! qué triste sería el mundo si no existiera Papá Noel! Sería tan melancólico como si no hubiera Virginias. Entonces no habría f infantil, ni poesía, ni romanticismo para hacer tolerable esta existencia. No tendríamos ningún placer, excepto por la razón o por la vista. La luz con la que la niñez llena el mundo se habría extinguido.

¡No creer en Papá Noel! También podrías no creer en las hadas. Podrías hacer que tu papá ponga hombres a mirar en todas las chimeneas en Nochebuena para encontrar a Papá Noel, pero aún si no vieran a Papá Noel bajando, ¿qué probaría eso? Nadie ve a Papá Noel, pero eso no es una señal de que no existe. Las cosas más reales en el mundo son aquellas que ni los chicos ni los hombres pueden ver. ¿Viste hadas bailando en el prado? Por supuesto que no, pero esa no es una prueba de que ellas no estén allí. Nadie puede concebir o imaginar todas las maravillas que todavía no se han visto o que son invisibles en el mundo.

Puedes romper el sonajero de un bebé y observar qué es lo que genera el ruido adentro. Pero hay un velo cubriendo el mundo invisible que ni el hombre más fuerte, ni aún la fuerza unida de todos los hombres más fuertes que alguna vez hayan vivido, puede romper. Solo la fe, la poesía y el amor romántico pueden descorrer esa cortina y mostrar la suprema belleza y gloria que hay detrás. ¿Es todo eso real? Ah, Virginia, en este mundo no hay nada más real y perdurable.

¡Que no hay Papá Noel! Gracias a Dios, él vive y vivirá para siempre. Dentro de mil años, Virginia, más aún, dentro de 10 veces 10.000 años, él continuará alegrando el corazón de los niños.

Francis P. Church, "The New York Sun", 1897

LA INFANCIA DE JESUS



Acabo de leer LA INFANCIA DE JESUS, de Joseph Ratzinger Benedicto XVI (ed Planeta, 2012), una obra que me apresuro a recomendar (algo que no hice con sus anteriores libros sobre Jesús pues me resultaron más teológicos que históricos). Y no la recomiendo solamente por las fechas que vivimos, sino también porque aporta algunas ideas y datos históricos sobre el nacimiento e infancia de Jesús muy interesantes. El tratarse, además, de un estudio realizado por un Papa redobla su interés.

Comparto con quien desea leerlas, algunas notas que he ido tomando mientras avanzaba la lectura de esta obra. Añado siempre entre paréntesis la página del libro en la que se recoge la idea anotada.

1.      Nacimiento virginal de Jesús: el papa en este apartado no tiene demasiado margen de maniobra, ni puede hacer demasiadas concesiones a la ciencia, zanjando el debate con un "Dios triunfa sobre las leyes de la materia" (págs. 62-63). Indiscutible para un creyente, pero poco convincente para quien no lo es o simplemente duda.

2.     Fecha del nacimiento de Jesús: Benedicto XVI reconoce el error de cálculo del monje Dionisio el Exiguo y afirma que la fecha real del nacimiento fue unos años antes (págs. 68-69). Aunque esto es algo bien sabido por todos los historiadores, reconforta comprobar que el Papa se suma con su autoridad a la moderna historiografía. Aporta, además, una interesante la explicación cronológica del famoso "censo de Cirino" (básica para ubicar cronológicamente el nacimiento de Jesús entre el 7-4 antes de Cristo), a la que alude Flavio Josefo.

3.      Lugar de nacimiento: no hay dudas y su explicación es bastante convincente: "Jesús nació en Belén y creció en Nazaret" (pag. 73). Ésta es precisamente una de las explicaciones del Papa que más convincente resulta. Lo tenia difícil porque, como es bien sabido, la elección de Belén como lugar de nacimiento de Jesús tenía toda la pinta de haber sido forzada por los evangelistas para "demostrar" la profecía del nacimiento del "rey de los judíos" en una ciudad cuna de reyes (David nació en Belén). Igual sucede con otros pasajes de la natividad (genealogía de Jesús entroncada con el rey David por parte de José padre "adoptivo", nacimiento virginal, huida a Egipto, matanza de los inocentes,...), pero la explicación histórica que da Benedicto XVI está bien fundamentada. No voy a explicarla pues el papa ya lo ha hecho en su libro, pero adelanto que tiene que ver con el censo de Cirino y la necesidad de desplazarse el padre (José) a su ciudad de origen para dar fe de sus propiedades. Encaja bien, pero no excluye otras interpretaciones.

4.      El asno y el buey, que tan estúpida polémica han suscitado entre quienes no han leído jamás los Evangelios. Dejo hablar a Benedicto XVI: "El pesebre hace pensar en animales, pues es allí donde comen. En el evangelio no se habla en este caso de animales" (pag. 76).  Benedicto XVI, sin embargo, reconoce la fuerza iconográfica que tiene la tradición ("Ninguna representación del nacimiento renunciara al buey y al asno", pág. 77) aunque el buey y el asno no aparezcan expresamente en los Evangelios (eso lo sabe cualquier escolar que haya leído a Mateo o Lucas). El papa cierra este anecdótico apartado, calificándolo muy acertadamente de divagación: "después de esta divagación, volvamos al texto del evangelio" (pag. 77). Y creo que tiene toda la razón: esa "divagación" ni tiene importancia histórica, ni moral ni teológica.
 
5.      Interesante también la explicación del canto de los ángeles ante el nacimiento de Jesús: "Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad", sobre la cual Benedicto XVI también hace algunas precisiones basadas en la más moderna exégesis. Mejor que "hombres de buena voluntad", se trataría de "hombres en los que Dios se complace" dando a entender que Dios ama a quien recibe la gracia de amarle en libertad (pags. 81-82). ¿Ama solo a quien le ama? Se trata de una afirmación que puede sorprender un poco, pues uno siempre pensó que Dios amaba a todas las criaturas, pero el papa deja abierto el gran interrogante de la Gracia de amar a Dios y la Libertad del hombre para hacerlo o no (pág. 83).

6.      Los Reyes Magos de Oriente: Resulta también muy racional la explicación de los "Magos (sabios, astrónomos) de Oriente" en los que el papa quiere ver una señal de la "sabiduría que conduce a Dios" (págs. 98 y ss); pero asumiendo también que en "Hechos de los Apóstoles" el Mago es más bien un representante del demonio o en el mejor de los casos un embaucador (pág. 99). En este capítulo, el papa vuelve a enfatizar la verdadera fecha "histórica" del nacimiento de Jesús (en el año 6 o 7 antes de Cristo) para ponerla en relación con "la conjunción astral de Júpiter, Saturno y Marte en el signo zodiacal de Piscis" (alude a Keppler y la teoría del cometa) sobre cuya base al parecer se esperaba el nacimiento del "dominador del mundo" (de nuevo, el papa se apoya en argumentos de autoridad histórica como son Tácito o Suetónio, lo cual es muy de agradecer).

Al igual que hiciera con el asno y el buey, el Papa también desmonta el calificativo popular de "Reyes" al que tilda igualmente de tradicional ("y con los Reyes han entrado los camellos y los dromedarios en el pesebre", pág. 102) y cuya "incorporación" vincula a otros libros de la Biblia, tales como "Salmos" o "Isaías".

7.      La matanza de los inocentes perpetrada, según los Evangelios, por Herodes no queda, sin embargo, suficientemente justificada. El Papa, no obstante, explica bien el contexto histórico y los crímenes "políticos" - históricamente probados- de Herodes (sus tres hijos, justo entre los años 6 y 4 antes de Cristo, momento -repito- en que nació Jesús). Concluye que aunque no hay pruebas históricas, una matanza así muy bien pudo producirse tratándose de un personaje como Herodes, cuya "realpolitik" no sería frenada por unas decenas de niños (págs. 113-115).

8.      El libro termina con el epílogo "Jesús en el templo a los doce años" (págs. 124-132). Es quizás el capítulo que menos me ha aportado, pues el simbolismo de la conversación de Jesús con los sacerdotes del Templo y la respuesta que da a sus padres es demasiado evidente. Se explica sin necesidad de mucha ayuda.

En resumen, LA INFANCIA DE JESUS es una obra amena, historicista y honesta en sus planteamientos (reconoce errores y acepta dudas y lagunas). Sin embargo, el Papa no puede explicar -tampoco lo pretende- algunos de los dogmas de fe como la virginidad de María (en sus obras anteriores tampoco lo hizo con la Resurrección). No tiene más remedio que apoyarse en el recurso de "Dios está por encima de las leyes de materia", un argumento que nunca satisfará al estudioso que carezca de fe. Merece la pena leerla y congratula saber que el representante de Dios en la tierra es capaz de realizar tan interesante ensayo, sin caer en la tentación del “Roma locuta, causa finita”.

LA MODA DE LOS LIBROS DE HISTORIA BASADOS EN ARCHIVOS “SECRETOS”



Siempre han proliferado ciertas obras pretendidamente históricas, fundadas en "documentos secretos". Procópio de Cesárea escribió una apasionante "Historia Secreta" en donde despellejaba al emperador Justiniano y que ha sido fuente de autoridad muy citada, a pesar de sus numerosas inconsecuencias (el genial Robert Graves la utilizó para escribir “El Conde Belisario”). Lamento ser un aguafiestas para los amigos de este tipo de literatura pero cuando leo que una investigación está fundada en "archivos secretos" o "expedientes ocultos”... siento algo que oscila entre la risa y la furia. Una irrisoria irritación, podríamos decir. 

Quienes basan sus fantasías en "archivos secretos" juegan tramposamente con la ventaja del autor de ciencia-ficción: no necesitan ser científicos, ni haberse pasado toda la vida rodeado de probetas y teoremas; pues les basta solo con su portentosa imaginación. Sin embargo el escritor de ciencia-ficción no pretende "descubrir" nada, ni desvelar verdades ocultas salvo entretener... a diferencia de los falsos historiadores que han descubierto lo sencillo que es vivir a costa de la credulidad de sus lectores.

¿Por qué he escrito "falsos historiadores"? (dejando a salvo notables excepciones) Me explicare... Si algo tiene la Historia como disciplina "científica" es que se basa en documentos; en textos ESCRITOS y en otras fuentes que dejan "rastro" (sellos, símbolos, numismática, epigrafía, pintura, diplomática,...). Todo lo demás a lo que pretenciosamente se llama "oculto", sencillamente no existe o es irrelevante a efectos históricos. No podemos construir Historia (con mayúsculas) sin nada tangible (documentos) que la sustente. Si aceptamos la creciente proliferación de "historias secretas", al final un grupo de indocumentados (en sentido literal, al carecer de documentos que acrediten sus tesis) van a ir imponiendo una historia más improbable que la existencia de Zeus o de las hadas (a las que, por cierto, llego a fotografiar el escritor Conan Doyle).

Este tipo de escritores quieren vendernos la burra de unos supuestos "archivos secretos" (vaticanos, CIA, Congreso, Masonería...) a los que nadie ha conseguido acceder salvo ellos, naturalmente, lo cual es casi de astracanada. No dudo, ni niego que existan documentos desconocidos (mas que ocultos) en innumerables lugares, y tiempo habrá para descubrirlos, rescatarlos y analizarlos. La Historia es eso: cambio y análisis permanente, ante la aparición de nuevas fuentes (como autor modesto de algunos libros de historia me veo obligado a revisar mis conclusiones continuamente, pues en el estudio de la Historia nada es permanente y todo muta). Por eso y por el respeto que le tengo al oficio de historiador me parece muy poco serio forjar teorías conspiratorias o de esas que "cambiaran la Historia" sobre la base de la simple imaginación calenturienta y de "secretos" que, precisamente por ser secretos, no permiten ser contrastados por otros historiadores. Insisto: no es nada serio y juegan con la ventaja de afirmar cualquier idea peregrina sustentada en que las pruebas de tal disparate están "ocultas" o son "secretas" para todos menos ... ¡para ellos!.

Sin duda, debe haber numerosos documentos ignorados, perdidos o extraviados, pero dudo mucho que quienes publican libros de "secretos ocultos" los hayan visto alguna vez o si lo han hecho que hayan llegado a entender algo, entre otras cosas por desconocer en su gran mayoría los rudimentos de ciencias auxiliares esenciales para "leer" viejos documentos. Me estoy refiriendo a la numismática, la paleografía o la heráldica, por mencionar solo tres... Ni que decir tiene que tampoco son capaces de traducir lenguas muertas, empezando por el griego clásico o el latín; ni por supuesto otras lenguas esenciales para manejar fuentes primarias (hebreo, arameo o sánscrito). En general, y salvando alguna honrosa excepción, creo que son vividores (y en el mejor de los casos de ingenuos curiosos) que gustan disfrazarse de Indiana Jones, sin tener ni su vigor físico ni por supuesto su ciencia. Como diría Obi-Wan-Kenobi: "perciben el valor de la Historia, como una cuchara apreciaría el sabor de la sopa".

Un argumento que suelen esgrimir este tipo de pícaros es que el "sistema científico ortodoxo" y los propios "poderes ocultos" les impiden acceder a los "archivos secretos" (al parecer con escaso éxito, dada la cantidad de libros que publican). Frente a ello me permito esta reflexión: si yo fuera la Iglesia o la CIA y en mi mano estuviera dejar o no documentos sensibles del dogma o la política exterior norteamericana, muy probablemente no los prestaría a cualquier pelanas que quisiera "interpretarlos" o simplemente manosearlos sin acreditar la mínima preparación intelectual necesaria para ello. Hacen falta décadas de estudio sistemático y abnegado para apreciar adecuadamente tres  líneas de ciertos textos. Es lógico que la iglesia y otras grandes instituciones quieran evitar la trivialización de sus textos (sagrados o no), para evitar que cualquier advenedizo extraiga conclusiones tan peregrinas como fácilmente digeribles por un público cada vez mas crédulo

¿Es eso "secretismo" o simplemente respeto por sus fuentes documentales? Creo que lo segundo. Con ello no quiero decir que ciertos documentos históricos deban permanecer sellados en alguna cámara acorazada (al menos aquellos distantes en el tiempo; sin impacto en la seguridad nacional de los estados). No propugno eso, sino más bien que sean accesibles a quien acredite el conocimiento necesario para su estudio. Dicho de otro modo: Yo no presto ciertos libros de mi biblioteca a cualquiera. Llamadme elitista. Puede que tengáis razón.

viernes, 3 de agosto de 2012

ADIOS A UN HUMANISTA: JOAN BASSEGODA (1930-2012)


El 30 de julio de 2012 será ya para siempre un día triste para la cultura pues tal día ha fallecido Joan Bassegoda (1930-2012). Quienes amen la obra de Gaudi, conocen sin duda los excelentes estudios de Bassegoda, ultimo descendiente de una estirpe de arquitectos catalanes y un erudito sin par.

Tuve el placer y el honor de tratar con Joan Bassegoda hace muchos años, cuando yo era solo un joven que empezaba a dar sus primeros pasos profesionales y mi curriculum consistía en 3 líneas. Solicite su ayuda con un cierto temor reverencial, pues Bassegoda ya era una figura renombrada y para mi sorpresa me la brindó sin dudarlo y sin pedir ni esperar nada a cambio ¿Que podía yo en aquella época haberle ofrecido?

Durante el tiempo que trate con él descubrí no solo al gran experto en Gaudi de todos conocido (era el director de la cátedra Gaudi), sino a un humanista de otros siglos. Su conversación era amena, rica y accesible, pasando suavemente del arte a la literatura y de ésta al cine o a la filosofía. Y podía hacerlo en varios idiomas, incluido el alemán. Su barba cana ponía el marco clásico en un rostro que desprendía calma y saber. Puede que recuerde mal, pero creo que no le gustaban aquellos arquitectos ególatras que al rehabilitar una obra maestra trataban de dejar su "sello" personal, violando la personalidad de su verdadero artífice. Era un hombre modesto, conocedor de aquella máxima griega: “somos contingentes”.

Hay hombres que buscan la grandeza y sin embargo no son más que patéticos fuegos fatuos (hoy abundan muchos de esos); pero también hay otros que sin buscarla no pueden evitar rezumar sabiduría y bondad. Es a ellos a los que debemos admirar por ser los que mas se acercan a ese ideal inalcanzable que es la perfección. Joan Bassegoda era uno de ellos y desde hoy, 30 de julio de 2012, ya siempre lo será.

jueves, 28 de junio de 2012

ALEGATO CONTRA EL FUTBOL


Ayer escribí en mi muro de Facebook lo siguiente: “Otro año más batiendo mi record de no haber visto un partido de fútbol en mi vida (48 años). Ni uno y no exagero. Hasta hace unos años era por puro desinterés. Ahora sumo al nulo interés, un cierto esnobismo al reconocerme miembro de una reducida comunidad de friki-resistentes (menos del 0,2% de la población que JAMAS ha visto un partido)”.

El comentario abrió –es lo que pretendía- un divertido y amistoso debate acerca de las ventajas e inconvenientes del fútbol. Trataré de sintetizar mis puntos de vista y, sobre todo las razones de mi desafección al “Deporte Rey”.

1. Hay quien afirmó "¡Tu te lo pierdes!" y ello me lleva a analizar el concepto de pérdida. La idea de pérdida viene definida por el valor que demos a lo perdido. Nadie consideraría que pierde a la semana kilos de detritus cuando recogen la basura de la puerta de su casa. Más bien se libera de ellos. Me explico: Ayer, durante las horas de partido (y sus prolegómenos y ruidoso epílogo) pude realizar varias actividades que valoro mucho más que el fútbol. En ese sentido, más que perdida yo tengo la sensación de obtener ganancias.

2. Otros amigos consideraron que "los extremismos siempre son malos", refiriéndose a mi negativa a ver partidos de fútbol. Niego la mayor. También soy extremista al no aceptar el totalitarismo o respetando a los Derechos Humanos y, en ambos casos, creo que se trata de un “extremismo” más bien bueno. No hay que confundir gustos o preferencias con extremismos. Eso seria una postura extrema. Si, efectivamente, algún día mis hijos gustaran del futbol, no me quedará más remedio que acompañarles (durante unos años) a los partidos. El amor de un padre supera ciertas filias y fobias y el interés de mis hijos  -y solo eso- haría que yo me animara a visitar un campo de futbol. En todo caso, a Dios pongo por testigo de que tratare de sembrar en mis hijos todo lo necesario para que sepan que hay otros mundos más allá del fútbol. Y luego que elijan en libertad. No les ocultaré la existencia del fútbol (¿cómo hacerlo en una sociedad subyugada mediáticamente por ese negocio?) pero no lo exaltare, ni lo promocionare. Mis padres no vieron nunca fútbol (sin duda alguna esa es la razón de mi desafección) pero me rodearon de otras maravillas. Les estaré siempre agradecido por ello. Lo que hoy se, admiro, las cosas sobre las que escribo, lo que busco, anhelo y disfruto es el resultado de las semillas que ellos cultivaron en nuestra hogar. Ni mejores ni peores que otras, pues cada hombre ha de encontrar su camino de entre los muchos que la vida ofrece. Lo importante es saber que otros mundos más allá del fútbol y después –y solo después- elegir en cuales se desea vivir.

3. La vida es demasiado corta y hay demasiadas cosas bellas a nuestra disposición para que me decante servilmente por el fútbol. Si, servilmente; esto es, plegándome sin objeción a la decisión caprichosa de un nuevo Señor Feudal que decide cuando debo interrumpir mi vida para dedicarle mi tiempo, mis energías y mis aplausos o abucheos a sus mesnadas durante unos torneos cada vez más invasivos y abundantes. Cuando decido leer un libro, disfrutar de una pintura, un concierto o una película no hay nadie que me obligue a parar mi vida para hacerlo tal día a tal hora. Soy yo, en libertad, quien decide cuando empiezo y termino. El fútbol no permite ese pequeño acto de soberanía sobre miles de horas de nuestras vidas breves. Si, miles de horas. Multiplicad las 2 horas de cada partido (y no incluyo el pre y post + los periódicos + los programas de TV/radio) por el numero de partidos vistos al mes o año y comprobareis el tiempo dedicado. Un rápido repaso al catálogo de la oferta futbolera, puede centrar la cuestión: Liga Española de Fútbol (incluidas la 1ª, 2ª y 3ª división, así como las regionales), Copa del Rey, Supercopa, Copa Federación, Copa de Liga, Copa del Mundo de la FIFA, Torneo Olímpico de Fútbol, Eurocopa (y luego las sub-21, Sub-19, etc), Copa FIFA Confederaciones, … En fin, un santoral cuya observancia rigurosa (como suele suceder debido a la presión mediática y social) somete al acólito –a cientos o miles de partidos a lo largo de su vida. Insisto en que se trata de preferencias y gustos personales. En mi escala de gustos el fútbol va inmediatamente después de "pasear descalzo por un vertedero de basuras" y antes de un “recital privado de Luis Aguilé”

El tiempo es un bien muy escaso y rechazo el fútbol porque tengo la seguridad de que el día que me llame la Parca no habré podido leer todos los libros reseñados y pendientes de leer, ni escuchar o descubrir toda la música bella que se ha compuesto, ni gozar de obras de arte ocultas que aún esperan ser descubiertas, ni ver tanto cine deslumbrante que ilumina el alma (o al menos, ciertas almas), ni hablar todo lo que quise con mis hijos, ni reunirme como hubiera deseado con todos aquellos a quienes quiero y que tarde o temprano se irán marchando, ni habré podido escribir todo lo que quisiera, ni habré aprendido a tocar bien el piano ... Por eso, a causa de esa "vida breve", cuando dedico mi tiempo en ciertos placeres trato de que la "afición" no se convierta en "adicción" y que el placer sea realmente gozoso.

El fútbol no me gusta: me aburre y me parece ruidoso, repetitivo y cada vez más mecanizado y visceral. Hay también otras "delicias" que no me gustan y que igualmente evito: la cerveza, el tabaco, la televisión (viví sin ella hasta los 36 años) o los toros, por poner solo unos pocos ejemplos. Quienes si disfrutan con ellas me insisten en que debo repetir, probarlas más, insistir obcecadamente hasta llegar a amarlas. Y yo me pregunto: ¿Qué necesidad tengo de amar la cerveza, o el tabaco o el fútbol si me lo paso en grande con otros vicios? Y ello me lleva a escribir algo obvio: no me gusta el fútbol, pero tengo la fortuna de disfrutar con millones de otras cosas (como seguro que también le sucede a tantos futboleros). En consecuencia, no necesito que el fútbol ocupe un espacio en mi vida (a pesar de los denodados esfuerzos de los medios de comunicación para que no sea así). No pasa nada, es una simple cuestión de prioridades y gustos (que como sabiamente nos recordó Clint Eastwood: "son como los culos: cada uno tiene el suyo"). No pretendo con ello ser o parecer mejor que quien si disfruta con el fútbol. Casi todos mis mejores amigos y familiares son "futboleros" y del mismo modo que ellos entienden mi posición, yo lo hago con la suya. ¡Solo faltaría!