viernes, 28 de diciembre de 2012

LA INFANCIA DE JESUS



Acabo de leer LA INFANCIA DE JESUS, de Joseph Ratzinger Benedicto XVI (ed Planeta, 2012), una obra que me apresuro a recomendar (algo que no hice con sus anteriores libros sobre Jesús pues me resultaron más teológicos que históricos). Y no la recomiendo solamente por las fechas que vivimos, sino también porque aporta algunas ideas y datos históricos sobre el nacimiento e infancia de Jesús muy interesantes. El tratarse, además, de un estudio realizado por un Papa redobla su interés.

Comparto con quien desea leerlas, algunas notas que he ido tomando mientras avanzaba la lectura de esta obra. Añado siempre entre paréntesis la página del libro en la que se recoge la idea anotada.

1.      Nacimiento virginal de Jesús: el papa en este apartado no tiene demasiado margen de maniobra, ni puede hacer demasiadas concesiones a la ciencia, zanjando el debate con un "Dios triunfa sobre las leyes de la materia" (págs. 62-63). Indiscutible para un creyente, pero poco convincente para quien no lo es o simplemente duda.

2.     Fecha del nacimiento de Jesús: Benedicto XVI reconoce el error de cálculo del monje Dionisio el Exiguo y afirma que la fecha real del nacimiento fue unos años antes (págs. 68-69). Aunque esto es algo bien sabido por todos los historiadores, reconforta comprobar que el Papa se suma con su autoridad a la moderna historiografía. Aporta, además, una interesante la explicación cronológica del famoso "censo de Cirino" (básica para ubicar cronológicamente el nacimiento de Jesús entre el 7-4 antes de Cristo), a la que alude Flavio Josefo.

3.      Lugar de nacimiento: no hay dudas y su explicación es bastante convincente: "Jesús nació en Belén y creció en Nazaret" (pag. 73). Ésta es precisamente una de las explicaciones del Papa que más convincente resulta. Lo tenia difícil porque, como es bien sabido, la elección de Belén como lugar de nacimiento de Jesús tenía toda la pinta de haber sido forzada por los evangelistas para "demostrar" la profecía del nacimiento del "rey de los judíos" en una ciudad cuna de reyes (David nació en Belén). Igual sucede con otros pasajes de la natividad (genealogía de Jesús entroncada con el rey David por parte de José padre "adoptivo", nacimiento virginal, huida a Egipto, matanza de los inocentes,...), pero la explicación histórica que da Benedicto XVI está bien fundamentada. No voy a explicarla pues el papa ya lo ha hecho en su libro, pero adelanto que tiene que ver con el censo de Cirino y la necesidad de desplazarse el padre (José) a su ciudad de origen para dar fe de sus propiedades. Encaja bien, pero no excluye otras interpretaciones.

4.      El asno y el buey, que tan estúpida polémica han suscitado entre quienes no han leído jamás los Evangelios. Dejo hablar a Benedicto XVI: "El pesebre hace pensar en animales, pues es allí donde comen. En el evangelio no se habla en este caso de animales" (pag. 76).  Benedicto XVI, sin embargo, reconoce la fuerza iconográfica que tiene la tradición ("Ninguna representación del nacimiento renunciara al buey y al asno", pág. 77) aunque el buey y el asno no aparezcan expresamente en los Evangelios (eso lo sabe cualquier escolar que haya leído a Mateo o Lucas). El papa cierra este anecdótico apartado, calificándolo muy acertadamente de divagación: "después de esta divagación, volvamos al texto del evangelio" (pag. 77). Y creo que tiene toda la razón: esa "divagación" ni tiene importancia histórica, ni moral ni teológica.
 
5.      Interesante también la explicación del canto de los ángeles ante el nacimiento de Jesús: "Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad", sobre la cual Benedicto XVI también hace algunas precisiones basadas en la más moderna exégesis. Mejor que "hombres de buena voluntad", se trataría de "hombres en los que Dios se complace" dando a entender que Dios ama a quien recibe la gracia de amarle en libertad (pags. 81-82). ¿Ama solo a quien le ama? Se trata de una afirmación que puede sorprender un poco, pues uno siempre pensó que Dios amaba a todas las criaturas, pero el papa deja abierto el gran interrogante de la Gracia de amar a Dios y la Libertad del hombre para hacerlo o no (pág. 83).

6.      Los Reyes Magos de Oriente: Resulta también muy racional la explicación de los "Magos (sabios, astrónomos) de Oriente" en los que el papa quiere ver una señal de la "sabiduría que conduce a Dios" (págs. 98 y ss); pero asumiendo también que en "Hechos de los Apóstoles" el Mago es más bien un representante del demonio o en el mejor de los casos un embaucador (pág. 99). En este capítulo, el papa vuelve a enfatizar la verdadera fecha "histórica" del nacimiento de Jesús (en el año 6 o 7 antes de Cristo) para ponerla en relación con "la conjunción astral de Júpiter, Saturno y Marte en el signo zodiacal de Piscis" (alude a Keppler y la teoría del cometa) sobre cuya base al parecer se esperaba el nacimiento del "dominador del mundo" (de nuevo, el papa se apoya en argumentos de autoridad histórica como son Tácito o Suetónio, lo cual es muy de agradecer).

Al igual que hiciera con el asno y el buey, el Papa también desmonta el calificativo popular de "Reyes" al que tilda igualmente de tradicional ("y con los Reyes han entrado los camellos y los dromedarios en el pesebre", pág. 102) y cuya "incorporación" vincula a otros libros de la Biblia, tales como "Salmos" o "Isaías".

7.      La matanza de los inocentes perpetrada, según los Evangelios, por Herodes no queda, sin embargo, suficientemente justificada. El Papa, no obstante, explica bien el contexto histórico y los crímenes "políticos" - históricamente probados- de Herodes (sus tres hijos, justo entre los años 6 y 4 antes de Cristo, momento -repito- en que nació Jesús). Concluye que aunque no hay pruebas históricas, una matanza así muy bien pudo producirse tratándose de un personaje como Herodes, cuya "realpolitik" no sería frenada por unas decenas de niños (págs. 113-115).

8.      El libro termina con el epílogo "Jesús en el templo a los doce años" (págs. 124-132). Es quizás el capítulo que menos me ha aportado, pues el simbolismo de la conversación de Jesús con los sacerdotes del Templo y la respuesta que da a sus padres es demasiado evidente. Se explica sin necesidad de mucha ayuda.

En resumen, LA INFANCIA DE JESUS es una obra amena, historicista y honesta en sus planteamientos (reconoce errores y acepta dudas y lagunas). Sin embargo, el Papa no puede explicar -tampoco lo pretende- algunos de los dogmas de fe como la virginidad de María (en sus obras anteriores tampoco lo hizo con la Resurrección). No tiene más remedio que apoyarse en el recurso de "Dios está por encima de las leyes de materia", un argumento que nunca satisfará al estudioso que carezca de fe. Merece la pena leerla y congratula saber que el representante de Dios en la tierra es capaz de realizar tan interesante ensayo, sin caer en la tentación del “Roma locuta, causa finita”.

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