Acabo
de leer LA INFANCIA DE JESUS, de Joseph Ratzinger Benedicto XVI (ed
Planeta, 2012), una obra que me apresuro a recomendar (algo que no hice con sus
anteriores libros sobre Jesús pues me resultaron más teológicos que históricos).
Y no la recomiendo solamente por las fechas que vivimos, sino también porque aporta algunas ideas y datos históricos
sobre el nacimiento e infancia de Jesús muy interesantes. El tratarse,
además, de un estudio realizado por un Papa redobla su interés.
Comparto
con quien desea leerlas, algunas notas que he ido tomando mientras avanzaba la
lectura de esta obra. Añado siempre entre paréntesis la página del libro en la
que se recoge la idea anotada.
1.
Nacimiento virginal de Jesús: el papa en este apartado no tiene demasiado
margen de maniobra, ni puede hacer demasiadas concesiones a la ciencia,
zanjando el debate con un "Dios
triunfa sobre las leyes de la materia" (págs. 62-63). Indiscutible
para un creyente, pero poco convincente para quien no lo es o simplemente duda.
2. Fecha del nacimiento de Jesús: Benedicto XVI reconoce el error de cálculo del
monje Dionisio el Exiguo y afirma que la fecha real del nacimiento fue unos
años antes (págs. 68-69). Aunque esto es algo bien sabido por todos los
historiadores, reconforta comprobar que el Papa se suma con su autoridad a la
moderna historiografía. Aporta, además, una interesante la explicación
cronológica del famoso "censo de
Cirino" (básica para ubicar cronológicamente el nacimiento de Jesús
entre el 7-4 antes de Cristo), a la que alude Flavio Josefo.
3.
Lugar de nacimiento: no hay dudas y su explicación es bastante
convincente: "Jesús nació en Belén y
creció en Nazaret" (pag. 73). Ésta es precisamente una de las explicaciones del Papa que más
convincente resulta. Lo tenia difícil porque, como es bien sabido, la elección
de Belén como lugar de nacimiento de Jesús tenía toda la pinta de haber sido
forzada por los evangelistas para "demostrar" la profecía del
nacimiento del "rey de los judíos" en una ciudad cuna de reyes (David
nació en Belén). Igual sucede con otros pasajes de la natividad (genealogía de Jesús
entroncada con el rey David por parte de José padre "adoptivo",
nacimiento virginal, huida a Egipto, matanza de los inocentes,...), pero la
explicación histórica que da Benedicto XVI está bien fundamentada. No voy a
explicarla pues el papa ya lo ha hecho en su libro, pero adelanto que tiene que
ver con el censo de Cirino y la necesidad de desplazarse el padre (José) a su
ciudad de origen para dar fe de sus propiedades. Encaja bien, pero no excluye
otras interpretaciones.
4.
El asno y el buey, que tan estúpida polémica han suscitado entre quienes no han leído
jamás los Evangelios. Dejo hablar a Benedicto XVI: "El pesebre hace pensar en animales, pues es allí donde comen. En el
evangelio no se habla en este caso de animales" (pag. 76). Benedicto XVI, sin embargo, reconoce la fuerza
iconográfica que tiene la tradición ("Ninguna representación del
nacimiento renunciara al buey y al asno", pág. 77) aunque el buey y el
asno no aparezcan expresamente en los Evangelios (eso lo sabe cualquier escolar
que haya leído a Mateo o Lucas). El papa cierra este anecdótico apartado,
calificándolo muy acertadamente de divagación: "después de esta divagación, volvamos al texto del evangelio"
(pag. 77). Y creo que tiene toda la razón: esa "divagación" ni tiene
importancia histórica, ni moral ni teológica.
5.
Interesante
también la explicación del canto de los ángeles
ante el nacimiento de Jesús: "Gloria
a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad", sobre la
cual Benedicto XVI también hace algunas precisiones basadas en la más moderna
exégesis. Mejor que "hombres de buena voluntad", se trataría de
"hombres en los que Dios se complace"
dando a entender que Dios ama a quien recibe la gracia de amarle en libertad
(pags. 81-82). ¿Ama solo a quien le ama? Se trata de una afirmación que puede
sorprender un poco, pues uno siempre pensó que Dios amaba a todas las
criaturas, pero el papa deja abierto el gran interrogante de la Gracia de amar
a Dios y la Libertad del hombre para hacerlo o no (pág. 83).
6.
Los Reyes Magos de Oriente: Resulta también muy racional la explicación de
los "Magos (sabios, astrónomos) de Oriente" en los que el papa quiere
ver una señal de la "sabiduría que conduce a Dios" (págs. 98 y ss);
pero asumiendo también que en "Hechos de los Apóstoles" el Mago es más
bien un representante del demonio o en el mejor de los casos un embaucador (pág.
99). En este capítulo, el papa vuelve a enfatizar la verdadera fecha
"histórica" del nacimiento de Jesús (en el año 6 o 7 antes de Cristo)
para ponerla en relación con "la
conjunción astral de Júpiter, Saturno y Marte en el signo zodiacal de Piscis"
(alude a Keppler y la teoría del cometa) sobre cuya base al parecer se esperaba
el nacimiento del "dominador del mundo" (de nuevo, el papa se apoya
en argumentos de autoridad histórica como son Tácito o Suetónio, lo cual es muy
de agradecer).
7.
La matanza de los inocentes perpetrada, según los Evangelios, por Herodes no queda, sin embargo,
suficientemente justificada. El Papa, no obstante, explica bien el contexto
histórico y los crímenes "políticos" - históricamente probados- de
Herodes (sus tres hijos, justo entre los años 6 y 4 antes de Cristo, momento
-repito- en que nació Jesús). Concluye que aunque no hay pruebas históricas,
una matanza así muy bien pudo producirse tratándose de un personaje como
Herodes, cuya "realpolitik"
no sería frenada por unas decenas de niños (págs. 113-115).
8.
El libro
termina con el epílogo "Jesús en el templo a los doce años"
(págs. 124-132). Es quizás el capítulo que menos me ha aportado, pues el
simbolismo de la conversación de Jesús con los sacerdotes del Templo y la
respuesta que da a sus padres es demasiado evidente. Se explica sin necesidad
de mucha ayuda.
En resumen, LA INFANCIA DE JESUS es una obra amena,
historicista y honesta en sus planteamientos (reconoce errores y acepta
dudas y lagunas). Sin embargo, el Papa no puede explicar -tampoco lo pretende-
algunos de los dogmas de fe como la virginidad de María (en sus obras
anteriores tampoco lo hizo con la Resurrección). No tiene más remedio que
apoyarse en el recurso de "Dios está
por encima de las leyes de materia", un argumento que nunca satisfará
al estudioso que carezca de fe. Merece la pena leerla y congratula saber que el
representante de Dios en la tierra es capaz de realizar tan interesante ensayo,
sin caer en la tentación del “Roma
locuta, causa finita”.

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