viernes, 28 de diciembre de 2012

Las cosas más reales son aquellas que ni los chicos ni los hombres pueden ver



Hace mucho tiempo, el 21 de septiembre de 1897, “The Sun, un periódico de Nueva York desaparecido en 1950, publicaba la respuesta del diario a una carta enviada al director por una niña de ocho años que respondía al nombre de Virgina O´Hanlon.

La pequeña, que vivía en el 115 Oeste de la calle 95, en el elegante Upper West Side de Manhattan, preguntaba a “The Sun” algo absolutamente elemental y trascendental para alguien de su edad: “Estimado director: Tengo ocho años. Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe. Mi papá me ha dicho: si lo ves escrito en el Sun, es que existe. Por favor, dígame la verdad; ¿existe Santa Claus?”

Lo que en cualquier redacción del mundo hubiera ido directamente a la basura, se convirtió gracias a la pluma del periodista Francis P. Church, en un artículo editorial inolvidable que, todavía hoy, se sigue publicando, en fechas navideñas, en muchísimos medios informativos del mundo.

El veterano reportero, que había cubierto varias guerras y conflictos a lo largo y ancho del mundo, recibió con desagrado inicial la tarea de dar cumplida respuesta a la carta, tal y como le había encargado el director del periódico, Edward Mitchel. Pero, a pesar de ello, Francis P. Church compuso una auténtica obra maestra, imposible de relegar al polvo del olvido que habitualmente se acumula en las hemerotecas.

LA CARTA AL DIRECTOR DE VIRGINIA:

Querido Editor: Tengo 8 años. Algunos de mis pequeños amigos dicen que Papá Noel no existe. Papá dice "Si lo dijeran en 'The Sun', así sería". Por favor díganme la verdad ¿existe Papá Noel. Virginia O'Hanlon.




RESPUESTA DEL PERIODISTA FRANCIS P. CHURCH:

Virginia, tus pequeños amigos están equivocados. Ellos han sido afectados por el escepticismo de una época escéptica. Solamente creen lo que ven. Piensan que no existe nada que no sea comprensible por sus pequeñas mentes. Todas las mentes, Virginia, sean de hombres o de chicos, son pequeñas. En nuestro gran universo, el hombre es un mero insecto, una hormiga, en su intelecto, en comparación con el mundo ilimitado alrededor, y con la inteligencia incalculable necesaria para aprehender toda verdad y conocimiento.

Sí, Virginia, Santa Claus existe. Él existe con tanta seguridad como existen el amor y la generosidad y la devoción, y tú sabes que ellas existen y dan a tu vida la mayor belleza y alegría. ¡Ay! qué triste sería el mundo si no existiera Papá Noel! Sería tan melancólico como si no hubiera Virginias. Entonces no habría f infantil, ni poesía, ni romanticismo para hacer tolerable esta existencia. No tendríamos ningún placer, excepto por la razón o por la vista. La luz con la que la niñez llena el mundo se habría extinguido.

¡No creer en Papá Noel! También podrías no creer en las hadas. Podrías hacer que tu papá ponga hombres a mirar en todas las chimeneas en Nochebuena para encontrar a Papá Noel, pero aún si no vieran a Papá Noel bajando, ¿qué probaría eso? Nadie ve a Papá Noel, pero eso no es una señal de que no existe. Las cosas más reales en el mundo son aquellas que ni los chicos ni los hombres pueden ver. ¿Viste hadas bailando en el prado? Por supuesto que no, pero esa no es una prueba de que ellas no estén allí. Nadie puede concebir o imaginar todas las maravillas que todavía no se han visto o que son invisibles en el mundo.

Puedes romper el sonajero de un bebé y observar qué es lo que genera el ruido adentro. Pero hay un velo cubriendo el mundo invisible que ni el hombre más fuerte, ni aún la fuerza unida de todos los hombres más fuertes que alguna vez hayan vivido, puede romper. Solo la fe, la poesía y el amor romántico pueden descorrer esa cortina y mostrar la suprema belleza y gloria que hay detrás. ¿Es todo eso real? Ah, Virginia, en este mundo no hay nada más real y perdurable.

¡Que no hay Papá Noel! Gracias a Dios, él vive y vivirá para siempre. Dentro de mil años, Virginia, más aún, dentro de 10 veces 10.000 años, él continuará alegrando el corazón de los niños.

Francis P. Church, "The New York Sun", 1897

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