viernes, 28 de diciembre de 2012

LA MODA DE LOS LIBROS DE HISTORIA BASADOS EN ARCHIVOS “SECRETOS”



Siempre han proliferado ciertas obras pretendidamente históricas, fundadas en "documentos secretos". Procópio de Cesárea escribió una apasionante "Historia Secreta" en donde despellejaba al emperador Justiniano y que ha sido fuente de autoridad muy citada, a pesar de sus numerosas inconsecuencias (el genial Robert Graves la utilizó para escribir “El Conde Belisario”). Lamento ser un aguafiestas para los amigos de este tipo de literatura pero cuando leo que una investigación está fundada en "archivos secretos" o "expedientes ocultos”... siento algo que oscila entre la risa y la furia. Una irrisoria irritación, podríamos decir. 

Quienes basan sus fantasías en "archivos secretos" juegan tramposamente con la ventaja del autor de ciencia-ficción: no necesitan ser científicos, ni haberse pasado toda la vida rodeado de probetas y teoremas; pues les basta solo con su portentosa imaginación. Sin embargo el escritor de ciencia-ficción no pretende "descubrir" nada, ni desvelar verdades ocultas salvo entretener... a diferencia de los falsos historiadores que han descubierto lo sencillo que es vivir a costa de la credulidad de sus lectores.

¿Por qué he escrito "falsos historiadores"? (dejando a salvo notables excepciones) Me explicare... Si algo tiene la Historia como disciplina "científica" es que se basa en documentos; en textos ESCRITOS y en otras fuentes que dejan "rastro" (sellos, símbolos, numismática, epigrafía, pintura, diplomática,...). Todo lo demás a lo que pretenciosamente se llama "oculto", sencillamente no existe o es irrelevante a efectos históricos. No podemos construir Historia (con mayúsculas) sin nada tangible (documentos) que la sustente. Si aceptamos la creciente proliferación de "historias secretas", al final un grupo de indocumentados (en sentido literal, al carecer de documentos que acrediten sus tesis) van a ir imponiendo una historia más improbable que la existencia de Zeus o de las hadas (a las que, por cierto, llego a fotografiar el escritor Conan Doyle).

Este tipo de escritores quieren vendernos la burra de unos supuestos "archivos secretos" (vaticanos, CIA, Congreso, Masonería...) a los que nadie ha conseguido acceder salvo ellos, naturalmente, lo cual es casi de astracanada. No dudo, ni niego que existan documentos desconocidos (mas que ocultos) en innumerables lugares, y tiempo habrá para descubrirlos, rescatarlos y analizarlos. La Historia es eso: cambio y análisis permanente, ante la aparición de nuevas fuentes (como autor modesto de algunos libros de historia me veo obligado a revisar mis conclusiones continuamente, pues en el estudio de la Historia nada es permanente y todo muta). Por eso y por el respeto que le tengo al oficio de historiador me parece muy poco serio forjar teorías conspiratorias o de esas que "cambiaran la Historia" sobre la base de la simple imaginación calenturienta y de "secretos" que, precisamente por ser secretos, no permiten ser contrastados por otros historiadores. Insisto: no es nada serio y juegan con la ventaja de afirmar cualquier idea peregrina sustentada en que las pruebas de tal disparate están "ocultas" o son "secretas" para todos menos ... ¡para ellos!.

Sin duda, debe haber numerosos documentos ignorados, perdidos o extraviados, pero dudo mucho que quienes publican libros de "secretos ocultos" los hayan visto alguna vez o si lo han hecho que hayan llegado a entender algo, entre otras cosas por desconocer en su gran mayoría los rudimentos de ciencias auxiliares esenciales para "leer" viejos documentos. Me estoy refiriendo a la numismática, la paleografía o la heráldica, por mencionar solo tres... Ni que decir tiene que tampoco son capaces de traducir lenguas muertas, empezando por el griego clásico o el latín; ni por supuesto otras lenguas esenciales para manejar fuentes primarias (hebreo, arameo o sánscrito). En general, y salvando alguna honrosa excepción, creo que son vividores (y en el mejor de los casos de ingenuos curiosos) que gustan disfrazarse de Indiana Jones, sin tener ni su vigor físico ni por supuesto su ciencia. Como diría Obi-Wan-Kenobi: "perciben el valor de la Historia, como una cuchara apreciaría el sabor de la sopa".

Un argumento que suelen esgrimir este tipo de pícaros es que el "sistema científico ortodoxo" y los propios "poderes ocultos" les impiden acceder a los "archivos secretos" (al parecer con escaso éxito, dada la cantidad de libros que publican). Frente a ello me permito esta reflexión: si yo fuera la Iglesia o la CIA y en mi mano estuviera dejar o no documentos sensibles del dogma o la política exterior norteamericana, muy probablemente no los prestaría a cualquier pelanas que quisiera "interpretarlos" o simplemente manosearlos sin acreditar la mínima preparación intelectual necesaria para ello. Hacen falta décadas de estudio sistemático y abnegado para apreciar adecuadamente tres  líneas de ciertos textos. Es lógico que la iglesia y otras grandes instituciones quieran evitar la trivialización de sus textos (sagrados o no), para evitar que cualquier advenedizo extraiga conclusiones tan peregrinas como fácilmente digeribles por un público cada vez mas crédulo

¿Es eso "secretismo" o simplemente respeto por sus fuentes documentales? Creo que lo segundo. Con ello no quiero decir que ciertos documentos históricos deban permanecer sellados en alguna cámara acorazada (al menos aquellos distantes en el tiempo; sin impacto en la seguridad nacional de los estados). No propugno eso, sino más bien que sean accesibles a quien acredite el conocimiento necesario para su estudio. Dicho de otro modo: Yo no presto ciertos libros de mi biblioteca a cualquiera. Llamadme elitista. Puede que tengáis razón.

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