Siempre han proliferado ciertas obras
pretendidamente históricas, fundadas en "documentos secretos". Procópio de Cesárea escribió una
apasionante "Historia Secreta"
en donde despellejaba al emperador Justiniano y que ha sido fuente de autoridad
muy citada, a pesar de sus numerosas inconsecuencias (el genial Robert Graves
la utilizó para escribir “El Conde Belisario”). Lamento ser un
aguafiestas para los amigos de este tipo de literatura pero cuando leo que una
investigación está fundada en "archivos
secretos" o "expedientes
ocultos”... siento algo que oscila entre la risa y la furia. Una irrisoria
irritación, podríamos decir.
Quienes
basan sus fantasías en "archivos secretos" juegan tramposamente con la ventaja del autor de ciencia-ficción: no
necesitan ser científicos, ni haberse pasado toda la vida rodeado de probetas y
teoremas; pues les basta solo con su portentosa imaginación. Sin embargo el
escritor de ciencia-ficción no pretende "descubrir" nada, ni desvelar
verdades ocultas salvo entretener... a diferencia de los falsos historiadores
que han descubierto lo sencillo que es vivir a costa de la credulidad de sus
lectores.
¿Por
qué he escrito "falsos
historiadores"? (dejando a salvo notables excepciones) Me explicare...
Si algo tiene la Historia como disciplina
"científica" es que se basa en documentos; en textos ESCRITOS y en
otras fuentes que dejan "rastro" (sellos, símbolos, numismática,
epigrafía, pintura, diplomática,...). Todo lo demás a lo que pretenciosamente
se llama "oculto", sencillamente no existe o es irrelevante a efectos
históricos. No podemos construir Historia (con mayúsculas) sin nada tangible
(documentos) que la sustente. Si aceptamos la creciente proliferación de
"historias secretas", al final un grupo de indocumentados (en sentido literal, al carecer de documentos que
acrediten sus tesis) van a ir imponiendo una historia más improbable que la
existencia de Zeus o de las hadas (a las que, por cierto, llego a fotografiar
el escritor Conan Doyle).
Este tipo de escritores quieren vendernos la burra
de unos supuestos "archivos secretos" (vaticanos, CIA, Congreso, Masonería...) a los que nadie ha conseguido acceder
salvo ellos, naturalmente, lo cual es casi de astracanada. No dudo, ni
niego que existan documentos desconocidos (mas que ocultos) en innumerables
lugares, y tiempo habrá para descubrirlos, rescatarlos y analizarlos. La
Historia es eso: cambio y análisis permanente, ante la aparición de nuevas
fuentes (como autor modesto de algunos libros de historia me veo obligado a
revisar mis conclusiones continuamente, pues en el estudio de la Historia nada es permanente y todo muta). Por
eso y por el respeto que le tengo al oficio de historiador me parece muy poco
serio forjar teorías conspiratorias o de esas que "cambiaran la
Historia" sobre la base de la simple imaginación calenturienta y de
"secretos" que, precisamente por ser secretos, no permiten ser contrastados
por otros historiadores. Insisto: no es nada serio y juegan con la ventaja de afirmar cualquier idea peregrina sustentada en
que las pruebas de tal disparate están "ocultas" o son
"secretas" para todos menos ... ¡para ellos!.
Sin
duda, debe haber numerosos documentos ignorados, perdidos o extraviados, pero
dudo mucho que quienes publican libros de "secretos ocultos" los
hayan visto alguna vez o si lo han hecho que hayan llegado a entender algo,
entre otras cosas por desconocer en su gran mayoría los rudimentos de ciencias
auxiliares esenciales para "leer" viejos documentos. Me estoy
refiriendo a la numismática, la paleografía o la heráldica, por mencionar solo
tres... Ni que decir tiene que tampoco son capaces de traducir lenguas muertas,
empezando por el griego clásico o el latín; ni por supuesto otras lenguas
esenciales para manejar fuentes primarias (hebreo, arameo o sánscrito). En
general, y salvando alguna honrosa excepción, creo que son vividores (y en el
mejor de los casos de ingenuos curiosos) que gustan disfrazarse de Indiana
Jones, sin tener ni su vigor físico ni por supuesto su ciencia. Como diría
Obi-Wan-Kenobi: "perciben el valor
de la Historia, como una cuchara apreciaría el sabor de la sopa".
Un
argumento que suelen esgrimir este tipo de pícaros es que el "sistema
científico ortodoxo" y los propios "poderes ocultos" les impiden
acceder a los "archivos secretos" (al parecer con escaso éxito, dada
la cantidad de libros que publican). Frente a ello me permito esta reflexión: si yo fuera la Iglesia o la CIA y en mi
mano estuviera dejar o no documentos sensibles del dogma o la política exterior
norteamericana, muy probablemente no los prestaría a cualquier pelanas que
quisiera "interpretarlos" o simplemente manosearlos sin acreditar la
mínima preparación intelectual necesaria para ello. Hacen falta décadas de
estudio sistemático y abnegado para apreciar adecuadamente tres líneas de ciertos textos. Es lógico que la iglesia y otras grandes instituciones quieran evitar
la trivialización de sus textos (sagrados o no), para evitar que cualquier
advenedizo extraiga conclusiones tan peregrinas como fácilmente digeribles por
un público cada vez mas crédulo.
¿Es eso "secretismo" o
simplemente respeto por sus fuentes documentales? Creo que lo segundo. Con ello no quiero decir que ciertos
documentos históricos deban permanecer sellados en alguna cámara acorazada
(al menos aquellos distantes en el tiempo; sin impacto en la seguridad nacional
de los estados). No propugno eso, sino más bien que sean accesibles a quien
acredite el conocimiento necesario para su estudio. Dicho de otro modo: Yo no
presto ciertos libros de mi biblioteca a cualquiera. Llamadme elitista. Puede
que tengáis razón.

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