domingo, 28 de octubre de 2012

Reflexión a raíz del nuevo panfleto de Lucia Etxebarria sobre Amancio Ortega e Inditex



Esta claro que si eres muy rico no te queda mas alternativa que ser un sucio cabrón explotador, únicamente digno de suicidarse lleno de remordimientos para ir directo al infierno laico que la Sra. Etxebarria desea a todos aquellos millonarios que no son de izquierdas como ella (una izquierda en donde, por cierto, hay muchísimos ricos sobrevenidos, sin la trayectoria, ni los años de esfuerzo invertidos por Amancio Ortega). Las críticas vulgares de Lucia Etxebarria son un ejemplo perfecto de lo peor de nuestro ser: envidia y resentimiento ante quien destaca, calumnia gratuita y destructora del envidiado.

Si, Amancio Ortega es un tipo riquísimo pero ha donado 20 millones de euros a la ONG religiosa Caritas cuya labor social es incuestionable; un gesto que ni por asomo he visto en los adalides de “los parias de la tierra”. No lo he visto en Bardem, ni en  Ana y Victor, ni en Almodovar; tampoco lo imagino en la propia Etxebarria si sus libros plagiados dieran para una fortuna como la de Ortega (que no dan). A ellos les basta con la exhibición circense, puntual y calculada frente al “chapapote” o la “Guerra Injusta” (que nunca es la del Che, la Castro o de las FARC)

¿Que hay que hacer con un rico cuando ejercita la clásica filantropía? ¿Lo quemamos en una pira junto con “La Riqueza de las Naciones” y las obras completas de Hayeck y Popper? ¿Se sentiría mas relajada Lucia Etxebarria si Amancio Ortega actuara como el “cerdo capitalista” (la comparación es cosa de Orwell antes de que recapacitara) que ella espera encontrar siempre detrás una gran fortuna (de derechas)?

A Caritas cuya labor social es incuestionable - independientemente de su credo y adscripción religiosa - el gobierno andaluz acaba de recortarle varios millones de subvenciones, cuando era precisamente en esa comunidad (gobernada por la izquierda desde los tiempos de Tartessos) en donde la pobreza, la miseria y el hambre son mayores. Pero la izquierda reaccionaria siempre es capaz de sacrificar a los “parias de la tierra” con tal de no permitir a la iglesia católica que desarrolle su mandato humano (que no “celestial”, pues los fondos a Caritas son empleados en alimentar a familias desahuciadas, y no van a financiar misas, ni novenas, ni rosarios, ni procesiones, ni retablos, ni pasos…). Amancio Ortega – uno de los hombres más ricos del mundo- ha compensado ese atropello ideológico a la moral y yo -agnóstico declarado- me alegro de un hombre poderoso pueda hacer esas cosas. Etxebarria, siempre comprensiva con cualquier política que pretenda asfixiar a esa caterva de curas bastardos y sanguijuelas meapilas, está molesta y desbarra furibunda. Lógico.

Un hombre muy rico puede actuar filantropicamente y además tratar de que tal gesto le deduzca. Chorradas las justas: nadie logra una fortuna como la suya sin jugar bien sus cartas. Las ONG son las primeras que desean que el gobierno aumente el porcentaje de deducción fiscal para las donaciones realizadas por empresas y particulares (en España ese porcentaje es de los más bajos del mundo: a Ortega le convendría más donar en sociedades norteamericanas, francesas o alemanas ¿no saben eso sus asesores fiscales?).

En cuanto a la calumnia vertida tan irresponsablemente por Etxebarria acerca de las condiciones laborales en sus fábricas (la descripción realizada es propia de los tiempos de Dickens) me permito solo 2 objeciones:

(1) En España esos hechos, tal cual los barrunta Etxebarria, son ilegales. Si Inditex actúa así Magistratura de Trabajo le cae con todo el peso que aún mantiene.

(2) Es probable que las críticas se refieran a condiciones laborales en otros países en los que las Convenciones de la OIT no han sido firmadas o positivizadas (Etxebarria se guarda bien de aclararlo: calumnia que algo queda). En éste caso, la cosa me resulta también cuestionable, dado que Inditex es una de las empresas españolas que ha obtenido la prestigiosa certificación SA 8000 sobre "respeto a derechos sociolaborales internacionales". Un certificado así no se regala y aunque siempre es posible la existencia de malas prácticas aisladas (muchas veces no propias sino de sus proveedores locales ¡ojo!) es difícil pensar en una política de empresa "viciada".

Estoy harto de la demagogia cutre, gratuita e intoxicada. Nuestra sociedad está mal, muy mal. No necesitamos que se nos inocule más veneno. Nos sobra con el día a día para estar saciados de mierda. Cuando una gran empresa (o un ricachón) hace algo positivo solo espero que sepamos reconocerlo o, en el peor de los casos, callarnos.

Artículo de Lucia Etxebarria:

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