Esta claro que si eres muy rico no te queda
mas alternativa que ser un sucio cabrón explotador, únicamente digno de
suicidarse lleno de remordimientos para ir directo al infierno laico que la Sra. Etxebarria
desea a todos aquellos millonarios que no son de izquierdas como ella (una
izquierda en donde, por cierto, hay muchísimos ricos sobrevenidos, sin la
trayectoria, ni los años de esfuerzo invertidos por Amancio Ortega). Las
críticas vulgares de Lucia Etxebarria son un ejemplo perfecto de lo peor de
nuestro ser: envidia y resentimiento ante quien destaca, calumnia gratuita y
destructora del envidiado.
Si, Amancio Ortega es un tipo riquísimo
pero ha donado 20 millones de euros a la ONG religiosa Caritas cuya labor social es incuestionable; un gesto que ni por
asomo he visto en los adalides de “los parias de la tierra”. No lo he visto en Bardem,
ni en Ana y Victor, ni en Almodovar;
tampoco lo imagino en la
propia Etxebarria si sus libros plagiados dieran para una
fortuna como la de Ortega
(que no dan). A ellos les basta con la exhibición circense, puntual y calculada
frente al “chapapote” o la “Guerra Injusta”
(que nunca es la del Che,
la Castro o de las FARC)
¿Que hay que hacer con un rico cuando
ejercita la clásica filantropía? ¿Lo quemamos en una pira junto con “La Riqueza de las Naciones” y las obras
completas de Hayeck y Popper? ¿Se sentiría mas relajada Lucia Etxebarria si
Amancio Ortega actuara como el “cerdo capitalista” (la comparación es cosa de
Orwell antes de que recapacitara) que ella espera encontrar siempre detrás una
gran fortuna (de derechas)?
A Caritas
cuya labor social es incuestionable - independientemente de su credo y
adscripción religiosa - el gobierno andaluz acaba de recortarle varios millones
de subvenciones, cuando era precisamente en esa comunidad (gobernada por la
izquierda desde los tiempos de Tartessos) en donde la pobreza, la miseria y el
hambre son mayores. Pero la izquierda reaccionaria siempre es capaz de
sacrificar a los “parias de la tierra” con tal de no permitir a la iglesia
católica que desarrolle su mandato humano (que no “celestial”, pues los fondos
a Caritas son empleados en alimentar a familias desahuciadas, y no van a
financiar misas, ni novenas, ni rosarios, ni procesiones, ni retablos, ni
pasos…). Amancio Ortega – uno de los hombres más ricos del mundo- ha compensado
ese atropello ideológico a la moral y yo -agnóstico declarado- me alegro de un
hombre poderoso pueda hacer esas cosas. Etxebarria, siempre comprensiva con
cualquier política que pretenda asfixiar a esa caterva de curas bastardos y
sanguijuelas meapilas, está molesta y desbarra furibunda. Lógico.
Un hombre muy rico puede actuar
filantropicamente y además tratar de que tal gesto le deduzca. Chorradas las
justas: nadie logra una fortuna como la suya sin jugar bien sus cartas. Las ONG
son las primeras que desean que el gobierno aumente el porcentaje de deducción
fiscal para las donaciones realizadas por empresas y particulares (en España ese
porcentaje es de los más bajos del mundo: a Ortega le convendría más donar en
sociedades norteamericanas, francesas o alemanas ¿no saben eso sus asesores
fiscales?).
En cuanto a la calumnia vertida tan
irresponsablemente por Etxebarria acerca de las condiciones laborales en sus
fábricas (la descripción realizada es propia de los tiempos de Dickens) me
permito solo 2 objeciones:
(1) En España esos hechos, tal cual los
barrunta Etxebarria, son ilegales. Si Inditex actúa así Magistratura de Trabajo
le cae con todo el peso que aún mantiene.
(2) Es probable que las críticas se refieran
a condiciones laborales en otros países en los que las Convenciones de la OIT
no han sido firmadas o positivizadas (Etxebarria se guarda bien de aclararlo:
calumnia que algo queda). En éste caso, la cosa me resulta también
cuestionable, dado que Inditex es una de las empresas españolas que ha obtenido
la prestigiosa certificación SA 8000 sobre "respeto a derechos
sociolaborales internacionales". Un certificado así no se regala y aunque
siempre es posible la existencia de malas prácticas aisladas (muchas veces no
propias sino de sus proveedores locales ¡ojo!) es difícil pensar en una
política de empresa "viciada".
Estoy harto de la demagogia cutre, gratuita
e intoxicada. Nuestra sociedad está mal, muy mal. No necesitamos que se nos
inocule más veneno. Nos sobra con el día a día para estar saciados de mierda.
Cuando una gran empresa (o un ricachón) hace algo positivo solo espero que
sepamos reconocerlo o, en el peor de los casos, callarnos.
Artículo de Lucia Etxebarria:
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