martes, 22 de mayo de 2012

PISTAS PARA ENTENDER "2001, UNA ODISEA ESPACIAL"

Resumo algunas de las ideas básicas de una de las obras maestras de la ciencia-ficción: 2001 UNA ODISEA ESPACIAL (Stanley Kubrick, 1969).

El monolito brinda la inteligencia ...Solo quienes leyeron la novela pudieron entender algunas claves de la película. En la novela de Arthur C. Clarke está perfectamente explicado, aunque Kubrick lo omite intencionadamente para que nadie entienda casi nada y pasar como un genio (y lo es): El monolito que aparece a lo largo de la película es un ente universal, ubícuo y eterno (podríamos llamarlo Dios) que recorre el espacio "otorgando" la inteligencia a quien se acerque a él (a quien "crea"); por eso el mono mas valiente que se atreve a tocarlo se vuelve "inteligente" y es el que decide usar el hueso como arma de guerra para dominar a los demás monos hostiles. En ese momento el monolito ha otorgado un primer nivel de inteligencia al prehominido, pero quiere saber cuando pása al segundo nivel, cuando ese mono alcanzara un nivel de desarrollo lo suficiente avanzado como para alcanzar el espacio (en 1969 eso era el culmen de la inteligencia). Esa es la famosa escena del hueso-nave espacial.

l hombre alcanza ese segundo nivel en solo unos millones de años, exactamente en 2001. Para verificar cuando el hombre logra ese 2º nivel, el monolito "otorgador de inteligencia" pone una alarma, que le avise cuando se produce ese hecho ¿Cómo lo hace? Muy sencillo: entierra en la luna un monolito-alarma que solo cuando sea descubierto y al contacto con la luz solar (ya que estaba enterrado) sonara con fuerza, lanzando una señal hacia... Júpiter. Es evidente que cuando el mono sea capaz de llegar a la luna y hacer excavaciones en ella habrá alcanzado en 2º nivel y será digno de pasar al siguiente estadio de desarrollo.

 Bowman derrota a Hal-9000La nave Descubrimiento¿Como alcanzará el hombre el terecer nivel de inteligencia? Llegando a Júpiter (por eso la alarma en la luna, señala hacia ese planeta; para "excitar" la curiosidad del hombre; su afán de descubirmiento y progreso...) y, sobre todo, superando a Hal-9000 que representa el súmun acumulado de toda la inteligencia humana; una computadora perfecta que no puede mentir pero que, paradójicamente, es programada para hacerlo (oculta al astronáuta Bowman la verdadera misión de la nave espacial "Descubrimiento") y eso la "enloquece" y transforma en asesina.

Cuando Bowman supera, con su sola inteligencia, a la mente perfecta de Hal-9000 alcanzará el 3º nivel, convirtiéndose en el "superhombre" de Nietzsche (¡de ahí la banda sonora con el famoso tema de "Así hablaba Zarathustra"!).

 En ese instante Bowman ya estará listo para "fundirse" en el monolito, sumando su inteligencia superior a la del monolito, que durante eones ha ido "absorbiendo" y acumulando millones de otras inteligencias superiores en su recorrido eterno por el universo rastreando y sembrando conocimiento…

El camionero alemán, la señora de la bata guateada y el pequeño cubo

Hace algunos años un buen amigo me contó esta anécdota de la que había sido testigo. Los hechos sucedieron en una pequeña empresa familiar en Villarreal, un pueblo industrial de Castellón. Corría el año 1993 y la empresa, aún siendo muy pequeña, exportaba muchísimo a Alemania ya que su producto artesanal resultaba muy atractivo en aquel mercado. Mi amigo trabajaba en esa empresa como jefe de exportación (básicamente porque hablaba alemán) y entre los muros de la fábrica convivía diariamente con la familia, compuesta por el padre (el dueño de la fábrica), su esposa (muy clásica y de profesión “sus labores”) y uno de los hijos que pululaba por allí tratando de entender el negocio. Las instalaciones de la fábrica se mezclaban anárquicamente con las estancias familiares. Casi todas las semanas se presentaba algún camión procedente de Alemania para cargar material y generalmente actuaba de intérprete mi amigo, hasta que una fría mañana de 1993 uno de los camioneros llegó antes de lo previsto…  Dado que mi amigo, el jefe de exportación, aun no había llegado a la fábrica, el camionero alemán fue atendido por “la señora de la casa”.

La mujer al ver aparcar el camión salió apresuradamente a recibirle. Salió al patio como habitualmente se desplazaba por sus dominios: con un grueso batín guateado estampado con florecillas rosas. Una delicia para la abeja Maya. Se acercó muy sonriente al camionero alemán sin sospechar siquiera que aquel hombre no hablaría ni palabra de español y mucho menos de valenciano, la lengua materna y habitual de esa familia. Tras intercambiarse unos protocolarios “buenos días” (algo que los camioneros de todo el mundo saben decir en 250 lenguas diferentes) el camionero pidió “muy correctamente” a la señora si sería posible disponer de un “cacito”.

¿Para que querrá este buen hombre un “cacito”?  Pensó fugazmente nuestra protagonista, mientras se alisaba la bata guateada para que las florecillas no desmerecieran. Sin embargo, y más allá de su extrañeza, su respuesta no pudo ser más amable: “¿Un cacito? Hombre de Dios ¡por supuesto que tengo un cacito! Enseguida se lo traigo…” Y se introdujo rápida en la cocina para buscar el pequeño cubo que tan amablemente le pedía el camionero alemán. ¿Como no iba ella a contar entre sus enseres con un cacito? Era una mujer de su casa y tenía de todo. Pocos segundos después salía al patio de cargas, más sonriente aún que la primera vez, y portando entre sus manos un cubo metálico de pequeñas dimensiones. Un cacito; casi un cuenco. Justo lo que el alemán necesitaba.

Sin embargo, cuando el alemán la vio aparecer con el cacito retrocedió levemente hacia atrás, como hubiera hecho un vampiro ante una ristra de ajos. “¡¡Nein, nein!! – profirió aturdido el alemán- lo que yo quiero es un cacito, Madam. Nuestra heroína no daba crédito. ¿Pero qué tipo de cacitos necesitan estos alemanes? - pensó - Es increíble lo exigentes que pueden ponerse a veces. En fin, ya que insiste, le buscaré otro cacito algo mayor. Lo cierto es que el camionero pasaba de los dos metros de altura y de los 150 kilos de peso y probablemente en su escala vital todo tuviera que ser de mayores dimensiones.

Volvió a su cocina y salió inmediatamente con un nuevo cubo. Era algo mayor que el cacito solicitado, pero ya sabría el alemán para qué demonios lo necesitaba. Sin embargo, la expresión del alemán cuando la vio aparecer con el cubo fue desalentadora. Su rostro tenía un rictus doloroso y su piel se mostraba extremadamente colorada. Incluso creyó entrever que unas gotas de sudor resbalaban por su sien. “¡Nein, nein meine liebe Dame! Dijo el camionero. ¿Cómo? ¿Qué no quiere usted mi cacito? ¡Anda y tome el cacito de una puñetera vez o me va usted enfadar de verdad! En esas estaba la señora cuando apareció mi amigo. Su providencial y oportuna aparición evitó un potencial conflicto hispano-germano, cuando faltaban segundos para la tragicomedia.

¿Qué es lo que había sucedido? Mi amigo lo aclaró inmediatamente con el camionero. Era todo muy sencillo. Un problema de comunicación. Lo más habitual en el ser humano.

El alemán le explicó, muy sofocado, que hacia pocos minutos había aparcado su camión en la zona de cargas con la intención de orinar inmediatamente, pues llevaba aguantando casi 200 kilómetros (el sabría las razones de esa contención mortificadora). Justo cuando se disponía a bajarse discretamente la bragueta vio aparecer a la “pequeña señora con una extraña tunica florida” y en vez de miccionar en el descampado como era su intención se vio obligado a preguntar a la señora  “dónde estaban los servicios” El buen hombre utilizó el inglés, un idioma que él consideraba erróneamente internacional, así que lo que dijo a la señora de la bata guateada fue: Where is the TOILETTE? Resulta que la palabra toilette (de origen francés) se pronuncia casi igual que el término coloquial valenciano poalet, cuya traducción libre al español podría ser la de pozalito o cacito (un cubo de pequeñas dimensiones, vaya). Nadie en su sano juicio habría pensado que un camionero proveniente de Leipzig, norte de Alemania, iba a dominar el valenciano, pero nuestra protagonista si lo creyó pues si ella hablaba valenciano lo normal es que el resto del planeta lo hiciera también y cuando escuchó toilette tuvo la certeza de que el alemán le preguntaba por un poalet y es justo eso lo que le ofreció.

Sin embargo, al otro lado de la línea comunicativa, la visión de los hechos era bien distinta: el alemán preguntó por los servicios y lo que vio fue a una “pequeña señora disfrazada con una túnica” que le ofrecía insistentemente un cubo a modo de mingitorio. Es verdad que el alemán consideraba a los españoles como una especie ligeramente evolucionada del Homo Antecessor, pero aquella costumbre del cubo-mingitorio le parecía bárbara incluso hasta para el español más untermenschen. Cuanto más protestaba ante la señora de que no era “eso” lo que necesitaba, más grande le ofrecía el cubo y más agresiva se mostraba la mujer. Mientras tanto su vejiga iba a estallar. Justo en el preciso instante en que mi amigo apareció el camionero se había ya resignado orinar en el cubo, bajo la atónita mirada de la señora de la bata guateada. No sucedió, pero poco faltó para que así acaeciera.

EL PICAPEDRERO NUDISTA

Hace unos años, una señora de pueblo a quien quiero muchísimo, me contaba una historia divertidísima que voy a contaros: El picapedrero nudista.

Contextualicemos primero: los sucesos acaecieron en un pueblo de la sierra interior del sur de Valencia. Bellos parajes y muy buena gente. Sucedió hará unos cuarenta años; digamos que a inicios de la década de los setenta. Es importante tener presente la época pues el pudor de aquellos tiempos nada tenía que ver con el de hoy. El marido de ésta señora, protagonista involuntario de esta historia, era un agricultor de raza. Uno de esos trabajadores incansables y titánicos,curtidos por la tierra en la que han trabajado desde la niñez.

Este hombre – llamémosle Miguel- había heredado unas cuantas hectáreas de montaña rocosa. Pura roca granítica para ser exactos. Poco puede plantarse y menos aún cultivarse en el granito. Cualquier otro mortal habría abandonado aquellas hectáreas de roca a la naturaleza, pero Miguel no era de ese tipo de hombre que se rinde fácilmente así que cogió un cincel de marmolista y un buen martillo pilón y empezó a arrancar palmo a palmo la capa de roca de medio metro que cubria su herencia. Debajo de ella había un verdadero tesoro de tierra roja y virgen en la que algún día – cuando arrancara el manto de roca viva que la cubría- podría plantar unos olivos cuyos frutos disfrutarían sus hijos. No hay duda: era otra época y otra ética del trabajo.

Así que Miguel, al terminar su jornada laboral o durante sus periodos de descanso, cogía su cincel y su martillo y se pasaba varias horas picando piedra. Hace años visité ese campo e intenté arrancar unos fragmentos de piedra con el martillo y el cincel de Miguel. La cosa no era nada sencilla y se necesita una fortaleza y una voluntad que poca gente tiene. Un mediodía de verano especialmente caluroso, Miguel sudaba tanto que se sentía desfallecer. Decidió despojarse de la camisa y poco después de los pantalones, quedándose en calzoncillos. Siguió picando piedra pero dado que el sudor y el calor le resultaban agobiantes decidió quitarse lo único que cubría sus vergüenzas. ¿Qué más daba quedarse en pelotas si en aquellas tierras suyas, tan alejadas del pueblo, no había ni un alma? Imaginaos ahora a Miguel: desnudo, martillo y cincel en mano, y picando piedra con la energía de quien trabaja para su estirpe.

¿No había realmente ni un alma? Quiso la fortuna, siempre caprichosa y en ocasiones traviesa, que a acudieran al campo de Miguel dos personas, justo a la misma hora y en el mismo lugar. La primera era un vecino suyo al que acababan de operar de garganta y la segunda la propia esposa de Miguel quien dado el calor que hacía había ido al campo a llevarle un refresco. Repasemos la concatenación de acontecimientos, tal cual me los contó la anonadada mujer de Miguel.

A mediodía un vecino de Miguel cuyas tierras lindaban con las suyas había escuchado en las proximidades el sonido de un martillo y una respiración sofocada. La cosa le había inquietado un poco y quiso ver si se trataba de algún maleante haciendo alguna de las suyas. Hacia pocos días le habían dado el alta de una operación de garganta que le tendría sin voz durante una semana. El médico le había insistido mucho en que no hablara ni emitiera ningún sonido. Avanzó sigiloso por entre los olivares de su campo hasta llegar al límite de las tierras rocosas de Miguel y lo que allí vio le dejó aturdido para el resto de su vida: su vecino Miguel – hombre de austeras costumbres y temeroso de Dios- estaba en pelota viva, golpeando con saña la roca granítica y sudando como jamás había visto sudar a nadie. Pudoroso, quiso alertar a su vecino de su presencia pero recordó que no podía hablar por prescripción facultativa así que optó por hacer algún tipo de ruido que avisara a Miguel. Pero ¿qué sonido si no podía hablar ni gritar? Ante la tesitura, pensó que lo mejor sería palmotear con fuerza y rítmicamente, hasta que Miguel se diera cuenta de su presencia y tuviera a bien vestirse apresuradamente. Dicho y hecho. Empezó a palmear con vigor, mientras Miguel –un verdadero precursor del nudismo laboral-  seguía afanado en martillear la roca que se le resistía. En ese mismo instante, en lo más sonoro del palmoteo, la esposa de Miguel apareció portando entre sus manos un porrón de cerveza helada con casera.

Reflexionad un segundo e imaginad el cuadro que ante ella se presentaba en toda su gloria: por un lado su marido, completamente desnudo y picando piedra con un frenesí que a ella le hizo recordar su ya lejana noche de bodas y a escasos metros de Miguel, su vecino de toda la vida - un hombre virtuoso y de sanísimas costumbres-  aplaudiendo a su marido con inusitado vigor y casi, casi a ritmo de rumba…

Siempre me ha divertido muchísimo esta anécdota, especialmente al imaginar la retahíla de explicaciones que ambos varones habrían de dar a la aterrorizada mujer cuando se dieran cuenta del cuadro que involuntariamente habían representado.

lunes, 14 de mayo de 2012

VICIOS MORALES EN LA LLAMADA LEY PARA LA MEMORIA HISTORICA (2007)

Vaya por delante que la persecución de crímenes de guerra y políticos y la recuperación de los restos de familiares asesinados es una misión absolutamente loable, a la que ningún español de bien debería oponerse. Sin embargo, nunca me gustó la llamada Ley para la Memoria Histórica (2007) y su aplicación práctica limitada al periodo 1936-1975.


¿Por qué? ¿Cuáles son, en mi opinión, los vicios morales intrínsecos a dicha MEMORIA HISTÓRICA”?

1. Establece de facto una JERARQUIA DE VÍCTIMAS "de primera división" (las del franquismo) y víctimas "de tercera regional" (principalmente las víctimas de la República). Dicho de otro modo: víctimas buenas y malas. He escrito de facto porque de iure la propia ley en su artículo 2.1 establece que “se reconoce y declara el carácter radicalmente injusto de todas las condenas, sanciones y cualesquiera formas de violencia personal producidas por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa, durante la Guerra Civil, así como las sufridas por las mismas causas durante la Dictadura”. Es verdad que al eliminar del ámbito de aplicación de la ley la represión durante la II República se están olvidando millares de víctimas cuya memoria también debiera reconocerse.

Asesinar por razones ideológico-políticas durante un conflicto (ambos bandos) o después de el (mayoritariamente el franquismo, pero también los "maquis" y hasta la propia ETA invocó su lucha contra el régimen, ej. Carrero Blanco) es, indudablemente, un crimen de guerra. ¿Queremos perseguirlos? ¡Hagámoslo bien y empecemos por no jerarquizar entre víctimas “buenas” y “malas”!. Recordemos: El bien jurídico protegido es la vida, no la ideología.

Repaso rápido a los hechos:

- Durante la II República (1931 a 1936) hubo crímenes de ese tipo en toda España y persecución religiosa y política. La Ley para la Memoria Histórica excluye esta turbulenta etapa de nuestra historia reciente, bendiciendo tácitamente las arbitrariedades y represiones durante el periodo republicano. Este “olvido” no solo es inmoral, sino injusto. Hay quien arguye que esos crímenes “ya fueron reparados por franquismo y por lo tanto no procedería volver sobre ellos”, a lo que yo replico que si partimos de la base de la ilegalidad de dicho régimen, tales reparaciones no tendrían ningún efecto. Además, las reparaciones y homenajes franquistas a sus caídos fueron fruto del odio y resentimiento causado por la entonces reciente guerra. Como demócrata yo deseo que las víctimas, todas ellas, sean reconocidas por un estado democrático y sin “asignaturas pendientes” setenta años después de la Guerra Civil.

- Durante la guerra (1936-1939) proliferaron ese tipo de crímenes en ambos bandos. Ojo: no hablo de muertos en combate, sino de represaliados. Hay cómputos bastante bien aceptados por la historiografía; terribles en ambos bandos. Caer, además, en una competición de cifras es otro error de juicio ético, pues el valor de la vida humana es absoluto. “Quien salva a un hombre, salva a toda la humanidad”, según reza el Talmud (sensu contrario: quien mata a un hombre, mata a toda la humanidad)

- Después de la guerra (franquismo) hubo una terrible represión (especialmente hasta inicios de los cincuenta).


2. Consagra la DOBLE MORAL, uno de los vicios éticos más reaccionarios pues supone aplicar con más rigor un criterio moral a un grupo (o individuo) que a otro. La doble moral es injusta porque viola el principio de imparcialidad, según el cual deben aplicarse los mismos criterios morales a todas las personas sin parcialidad ni favoritismo (ejemplo típico de doble moral sería la sociedad victoriana del siglo XIX inglés). Doble moral, por lo tanto, es reprobar y perseguir los crímenes del franquismo y no hacerlo con los crímenes de la II República (excluida del ámbito de aplicación de dicha ley).

Además es evidente que en la aplicación práctica de la Ley se ha desvirtuado conscientemente su tenor literal: el aparato gubernamental socialista y todos los medios y organismos afines (centros de investigación, universidades, fundaciones, etc) han instrumentalizado políticamente la ley para realizar un exhaustivo catálogo de represiones franquistas, ignorando sistemáticamente la represión republicana, antes y durante la Guerra Civil. En este sentido, ha sido muy relevante el poder del gobierno de Zapatero para promover, financiar y difundir asociaciones, estudios y pesquisas de idéntico sesgo ideológico: las víctimas del franquismo son buenas, las de la república… no existen. Triste desmemoria en una ley para la Memoria.

Hay un aforismo latino que resume espléndidamente la verdadera perversión de la doble moral: "Quod licet Iovi, non licet bovi" ('Lo que es lícito para Júpiter, no es lícito para todos').

3. Ignora y descalifica las decisiones democráticas adoptadas por los españoles durante la Transición. En 1977 se optó por la amnistía general para TODOS los verdugos, de izquierda y derecha, ETA, GRAPO y FARP incluidos. Todas las fuerzas políticas, de izquierda a derecha, convinieron en ello. Los familiares de TODAS aquellas víctimas merecen nuestro respeto

Por lo tanto, si queremos normalizar la democracia tenemos dos vías posibles:

1.La amnistía (el camino seguido) o

2.La persecución de todos los verdugos del pasado reciente, sin excepción, sin doble moral. En este caso, uno de los pocos que todavía sigue vivo (Carrillo) debería asumir el peso de la ley ¿O es que sus millares de víctimas, por el simple hecho de haber sido tildadas de "fascistas" no merecían vivir?

Y esto te lo escribe un nieto que idolatraba a su viejo abuelo republicano (duramente represaliado), de quien aprendí mucho más de concordia que de resentimiento. Igual que no admito a jueces por encima de la ley, no quiero llegar a pensar que matar a un "fascista" o a un "cura" no sea perseguible y que matar a un "rojo" o a un "sindicalista" si lo sea. Como he escrito antes, el bien supremo es la vida, no la ideología.

ANTICLERICALISMO, RAZONAMIENTO Y FAROLAS.

El prefijo "anti" del anticlericalismo lleva implícito un componente de "acción" que irremediablemente o muy a menudo termina violentamente; bien sea violencia de baja intensidad (ofensas, insultos y escarnios diversos) o extrema (incendios, saqueos, privación de libertad, torturas, violaciones y asesinatos). Casi todos los "anti" que conozco (antiglobalización, anticapitalistas, antifascistas,...) suelen argumentar rompiendo farolas y quemando cosas. También los querellantes iconoclastas, llevados de su celo religioso se dedicaron a destruir imágenes (como hoy hacen los talibanes)

Creo que el anticlericalismo, suele terminar en "acción violenta" porque el rigor y formación intelectual que exige una oposición o critica razonada a los clérigos (en si misma una critica tan legitima como cualquier otra) no suele ser un atributo muy extendido entre la mayoría de ciudadanos, mucho mas dados al mensaje corto y simplista con el que son arrullados por la televisión y la publicidad, su fiel escudero. Todo debe ser rápido y con pocas palabras (twitter es su campeón). Simple. Que se entienda sin complicaciones. Y, además, divertido. Eso que puede servir para explicar "La abeja Maya", resulta más complicado para hacer comprensible "El Ser y la Nada" (suponiendo que tal ensayo tenga algún sentido), el sentido de la vida, la existencia de Dios o la función terrenal de sus siervos.

La mayoría de "slogans", consignas y demagogia anticlerical que conozco (tesoros vaticanos, curas pedófilos, adoctrinamiento escolar, parasitismo social, gastos suntuarios, ...) no resisten una critica ponderada de mas de un minuto entre personas ilustradas ... Sin embargo los tópicos anticlericales no están diseñados para un publico ilustrado (que, incluso ateo, sentiría ofendida su inteligencia ante tamaños lugares comunes) sino para una mayoría poco dada a la lectura y al razonamiento independiente; por eso tales tópicos se mantienen vigorosos y sin apenas cambios desde el siglo XIX. Precisamente, ese anclaje ideológico en siglo diecinueve confirma el conservadurismo paradójico pero real de la autodenominada progresía: ¿Cómo va a ser "progresista" una idea que mama de unas ubres tan amargas como centenarias?

domingo, 4 de diciembre de 2011

LA AMISTAD SEGÚN SAINT DE EXUPERY

También somos responsables del trato, fidelidad y afecto a nuestros amigos... En una época en la que tan fácilmente se emplea y abusa del término "amistad" no viene mal reflexionar un poco sobre ello. Y quiero hacerlo apoyándome en un gran escritor.


Quizás la más hermosa obra publicada por Saint de Exupery sea su "CARTA A UN REHÉN", el emotivo ensayo que escribió en 1943 pensando en su viejo amigo León Werth (en la foto de abajo, posando con barba y pipa).

En aquella época León estaba ocultó de los nazis en la Francia de Vichy, pues era judío y su vida, como la de tantos otros miles, peligraba. Saint de Exupery vivía exiliado en Nueva York y sentía una enorme impotencia al no poder hacer nada más por su país y sus viejos amigos. En esta carta, Saint de Exupery reflexiona acerca del valor de la amistad que el disecciona maravillosamente al describir un tranquilo desayuno con su amigo León, a orillas del Saona... (Capítulo III). Es imposible no leer ese famoso párrafo y no evocar algún momento en nuestras vidas en el que sentimos algo parecido. El mérito de Saint de Exupery es haber sabido expresar con palabras tan sencillas como hermosas algo tan complejo como la amistad.

Poco tiempo después, Saint de Exupery  -que siempre fue un hombre de acción- lograría su anhelo de coherencia (hacer lo que decía) y a pesar de su edad consiguió autorización para luchar contra los nazis. Desapareció en combate en el cielo de Marsella el 31 de julio de 1944. Su cuerpo nunca ha podido ser encontrado, aunque los restos de su avión si pudieron ser fortuitamente rescatados hace unos años por un pescador marsellés. Nos dejó, sin embargo, un puñado de excelentes libros (especialmente relevante su última e inacabada obra: "Ciudadela") y un ejemplo de coherencia ética en una época de terror en la que no era nada sencillo mantenerse fiel a unos principios.

"CARTA A UN REHEN" (también conocida como "Carta a un amigo") es, sin duda, un hermoso canto a la amistad, rebosante de lirismo y belleza formal (los extractos que aquí recojo son prueba de ello). En mi opinión esta obra supera incluso al conocido ensayo de Séneca "Sobre la amistad", pues destila sinceridad por todos sus poros.

Su amigo León Werh es, por cierto, el mismo León a quien Exupery dedicara años antes "El Principito" con aquella dedicatoria que el niño que una vez fuimos jamás olvidará:

"A León, cuando era niño".

Reproduzco unos extractos de su maravillosa CARTA A UN REHEN, pues ¿que mejor manera de empezar el 2012 que queriendo a nuestros amigos?

Capitulo II.

" (...) Quien esta noche me obsesiona la memoria tiene cincuenta años. Está enfermo. Y es judío. ¿Cómo sobrevivirá al terror alemán? Para imaginarme que todavía respira tengo que creer que, refugiado en secreto por la hermosa muralla de silencio de los campesinos de su aldea, el invasor lo ha ignorado. Solamente entonces creo que todavía vive. Solamente entonces deambular a lo lejos en el imperio de su amistad —que no tiene fronteras— me permite no sentirme emigrante, sino viajero. Pues el desierto no está allí donde uno cree"

Capitulo III

Era un día antes de la guerra, a orillas del Saona, cerca de Tournus. Habíamos elegido para almorzar un restaurante cuyo balcón de tablas dominaba el río. Acodados sobre una mesa sen- cilla, que algunos clientes habían grabado a cuchillo, habíamos pedido dos Pernods. Tu médico te prohibía el alcohol, pero hacías trampa en las grandes ocasiones. Y aquella era una gran ocasión.

No sabíamos por qué, pero así era. Lo que nos alegraba era algo más impalpable que la calidad de la luz. Por eso te habías decidi- do por el Pernod de las grandes ocasiones. Y como dos marineros descargaban una chalana a dos pasos de nosotros invitamos a los marineros. Los habíamos llamado desde lo alto del balcón. Y vinieron. Vinieron con toda sencillez. Tan natural habíamos encontrado el invitar a camaradas, a causa, quizás, de aquella fiesta invisible en nosotros. ¡Era tan evidente que responderían al signo! ¡Brindamos, pues!

El sol era agradable. Su tierna miel bañaba los álamos de la margen opuesta y la llanura casi hasta el horizonte. Estábamos, siempre sin saber por qué, cada vez más contentos. Nos tranquilizaba que el sol brillara, que el río corriera, que la comida fuera comida, que los marineros hubieran respondido al llamado, que la sirvienta nos sirviera con una suerte de gentileza dichosa como si presidiera una fiesta eterna. Estábamos completamente en paz, bien afincados, al abrigo del desorden, en una civilización defnitiva. Saboreábamos una suerte de estado perfecto en el que, colmados todos los deseos, no teníamos ya nada que contarnos. Nos sentíamos puros, rectos, luminosos e indulgentes. No hubiésemos sabido decir cuál verdad se nos aparecía con tanta evidencia, pero el sentimiento que nos dominaba era, sin duda alguna, el de la certidumbre, el de una certidumbre casi orgullosa.

De aquel modo el universo probaba su voluntad a través de nosotros. La condensación de las nebulosas, el endurecimiento de los planetas, la formación de las primeras amebas, el trabajo gigantesco de la vida que encaminó la ameba hasta llegar al hombre, todo, todo había convergido felizmente para desembocar, a través de nosotros, en aquella cualidad del placer. Como resultado no estaba mal.

Capitulo V

¿Es esta cualidad de la alegría el fruto más precioso de esta ci- vilización que es la nuestra? Una tiranía totalitaria podría satisfacernos, es verdad, en nuestras necesidades materiales. Pero no somos ganado para engordar. La prosperidad y el confort no podrían bastar para colmarnos. Para nosotros, que nos educamos en el culto del respeto por el hombre, pesan gravemente los simples encuentros que tienen lugar a veces, en fiestas maravillosas…


¡Respeto por el hombre! ¡Respeto por el hombre!… ¡He allí la piedra de toque! Cuando el nazi respeta exclusivamente lo que se le asemeja, sólo se respeta a si mismo. Rechaza las contradicciones creadoras, arruina toda esperanza de ascenso, y funda por mil años, en el lugar del hombre, el robot de un termitero. El orden por el orden castra al hombre de su poder esencial, el de transformar tanto al mundo como a sí mismo. La vida crea al orden, pero el orden no crea a la vida.

Capitulo VI

Por esta razón, amigo mío, tengo tanta necesidad de tu amistad. Tengo sed de un compañero que respete en mí, por encima de los litigios de la razón, el peregrino de aquel fuego. A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el calor prometido, y descansar, más allá de mi mismo, en esa cita que será la nuestra.


¡Estoy tan cansado de polémicas, de exclusividades, de fanatismos! En tu casa puedo entrar sin vestirme con un uniforme, sin someterme a la recitación de un Corán, sin renunciar a nada de mi patria interior. Junto a ti no tengo ya que disculparme, no tengo que defenderme, no tengo que probar nada. Como en Tournus, hallo la paz. Mas allá de mis palabras torpes, mas allá de los razonamientos que me pueden engañar, tú consideras en mi simplemente al Hombre, tú honras en mí al embajador de creencias, de costumbre, de amores particulares. Si difiero de ti, lejos de menoscabarte, te engrandezco. Me interrogas como se interroga al viajero.

Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido, me siento puro en ti y voy hacia ti. Tengo necesidad de ir allí donde soy puro. Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas las que te informaron acerca de lo que soy, sino que la aceptación de quien soy te ha hecho, necesariamente, indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas. Te estoy agradecido por que me recibes tal como soy. ¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga? Si recibo a un amigo en mi mesa, le ruego que se siente, si renguea, pero no le pido que baile.

Amigo mío, tengo necesidad de ti como de una cumbre donde se puede respirar. Tengo necesidad de acodarme junto a ti, una ves más a orillas del Saona, sobre la mesa de una pequeña hostería de tablones desunidos, y de invitar allí a dos marineros en cuya compañía brindaremos en la paz de una sonrisa semejante al día.  Si todavía combato, combatiré un poco por ti. Tengo necesidad de ti para creer mejor en el advenimiento de esa sonrisa. Tengo necesidad de ayudarte a vivir (...)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

THE END: CINE Y SENTIMIENTOS

Me vienen ahora a la memoria algunos finales de cine, de esos que dejan huella. Momentos breves, habitualmente dentro de grandes películas. Instantes maravillosos que -gracias a la magia conjugada del cine (actores, música, guión…)- lograron hacer llorar o emocionarse e millones de personas. Los momentos que aquí recojo, no son sino una pequeñísima muestra del catálogo infinito de belleza que solo el cine y la sala oscura, llena de corazones que palpitan, puede brindar

LOS CONTRABANDISTAS DE MOONFLEET.

Steward Granger besando en la frente al niño al que ha protegido. El niño duerme y Granger está herido de muerte. Sale de la cabaña en la que el niño duerme plácidamente, confiado en la protección de su héroe. Plano a través de la ventana. Exterior, de día. Granger monta, tambaleante, en un pequeño velero y navega hacia el horizonte (que es la muerte). Música de Miklos Rotzsa. Impresionante. Si uno no llora con esta escena no es digno de llamarse humano.

RAICES PROFUNDAS.

Un final muy similar. Alan Ladd, el duro vaquero que ha protegido a la familia de granjeros, ha matado al malo (Jack palance) pero está herido de muerte. "He de marcharme. No puede uno dejar de ser lo que es; torcer su destino" (minuto 8 del corte). Monta a caballo y se despide del niño. El niño llora, no quiere se marche: "¡Shane, quédate con nosotros!. Shane sabe que no puede quedarse pues la muerte le aguarda y no quiere que el niño lo sepa. Se marcha. El niño corre detrás del caballó, que se perfila empequeñecido ante un hermoso solo crepuscular. "No hay quien te gane a tirar con revolver, Shane ... papa te espera para que le ayudes y mama te aprecia; se que te aprecia ... Shane... ¡Shane, vuelve Shaaaaneee ... Adios Shaaaaaaaaaaaaaneeee...!"


UNA HISTORIA VERDADERA.

Las miradas de los dos viejos hermanos, tras reencontrarse después de más de 40 años sin verse ni hablarse por una pequeña y estúpida pelea familiar. Uno de ellos, al saber que su anciano hermano está enfermo de cáncer, recorre los EE.UU. en un pequeño tractor para reconciliarse. La mirada final del hermano enfermo cuando descubre que su hermano ha recorrido el pais en un pequeño tractor para verle llega a lo más profundo del corazón (y la música de Angelo Badalamenti también). ¿Has venido en eso hasta aqui para verme? Así es, hermano...

LOS PUENTES DE MADISON. La caja con los recuerdos del fotógrafo (Eastwood), abierta tras su muerte. Allí encontrará Francesca los restos del naufragio. Hermosos, impecables como si el tiempo no hubiera podido erosionar el amor de cuatro días. Un poema de Byron, del que solo acierta a leer dos líneas (minuto 5'40 del corte): "Hay un placer en los bosques sin sendero, hay un éxtasis en la orilla solitaria..."

El poema completo de Lord Byron (Las peregrinaciones de Childe Harold) es este:

Hay un placer en los bosques sin senderos,
hay un éxtasis en la costa solitaria,
hay compañía, allí donde nadie se hace presente,
al lado del mar profundo, y música en su rugido:
No amo menos al hombre, sino más a la Naturaleza,
a partir de nuestros encuentros, a los que asisto sigiloso,
a partir de todo lo que puedo ser, o que he visto antes,
para fundirme con el Universo y sentir
lo que nunca puedo expresar aunque me sea imposible ocultar.

Somos libres para elegir nuestro destino y algunas decisiones nos doleran durante toda nuestra vida. Imposible olvidar la voz en off de Francesca: "“haced todo lo que esté en vuestra mano para ser felices en esta vida. Hay tanta belleza ... que Dios os acompañe, hijos míos”

LA VIDA ES BELLA.

El padre va a morir, pero hasta el último minuto trata de que su hijo sea ajeno al horror del nazismo. La vida es bella y, además, un juego.

CRASH.

La escena con la pequeña niña que se lanza a los brazos de su padre (amenazado por un pistolero) al grito de “¡Papa, yo te protejo!” (creyendo que tenía un manto mágico e invisible antibalas)

ESPLENDOR EN LA HIERBA.

El reencuentro de los dos amantes (Warren Beatty y Nathalie Wood), años después de su separación. Ella va a verle a la granja en la que ha averiguado que vive. Se miran. Ella va a hablar, pues es evidente que siguen amandose, pero en ese momento descubre que Warren Beatty está casado y tiene una numerosa prole de niños y gallinas (estamos en la America rural de la Gran Depresión). ¡Que miradas! Y sin embargo, en la escena final una amiga le pregunta a Nathalie Wood ¿Todavía le quieres? ... Ella no responde, pero su mirada preciosa y relajada (¡que ojos los de Nathalie Wood!) nos recuerda en voz en off el poema de Wordsworth que da título a la película: "aunque haya pasado la época del esplendor en la hierba y la gloria en la flor, no lloraremos y encontraremos nuestra fuerza en todo aquello que nos fue arrebatado

ROBIN Y MARIAN.

Sean Connery (Robin) está herido de muerte, tras su combate final con el Sheriff de Nothingham. Audrey Hepburn (Marian) sabe que su hombre va a morir y quiere ahorrarle una larga agonía. Le ofrece una copa de vino, en la que ha vertido un veneno que los matará. Marian realiza una de las más bellas declaraciones de amor de toda la historia del cine: «Te amo. Te amo más que a todo, más que a los niños, más que a los cam­pos que planté con mis manos, más que a la ple­ga­ria de la mañana o que a la paz, más que a nues­tros ali­men­tos. Te amo más que al amor o a la ale­gría o a la vida entera. Te amo más que a Dios».

Robin coloca su añillo de compromiso en una flecha y, postrado en su cama, tensa el arco a duras penas. Sabe que será su último flechazo. Apunta hacia el exterior y dispara. Es en esta escena cuando. Robin entonces se dirige a Little John, que les acompaña: «Donde caiga la fle­cha, John, coló­ca­nos jun­tos y déja­nos allí.» La música de John Barry acompaña una escena bellísima, épica, de una película maravillosa y muy poco conocida. Esta memorable escena final parece tener su ori­gen en un autor poco conocido, y que tam­bién fue uno de los mejo­res ilus­tra­do­res de su época: Howard Pyle, quien en el final de Las aven­tu­ras de Robin Hood narra así su final:

"Luego los dos que­da­ron en silen­cio y el Pequeño John per­ma­ne­ció sen­tado, con la mano de Robin en la suya, mirando a tra­vés de la ven­tana abierta y tra­gán­dose de vez en cuando un nudo que se le for­maba en la gar­ganta. Mien­tras tanto, el sol fue des­cen­diendo len­ta­mente hacia el oeste, hasta que todo el cielo quedó encen­dido en un rojo esplen­dor. Enton­ces Robin Hood, con voz tré­mula y frá­gil, le pidió al Pequeño John que le ayu­dara a incor­po­rarse para poder con­tem­plar una vez más los cam­pos; el valiente pros­crito le levantó los bra­zos y Robin Hood apoyó la cabeza en los hom­bros de su amigo. Miró durante un largo rato, con mirada lenta y con­tem­pla­tiva y derra­mando lágri­mas, que caían sobre su regazo, pues sen­tía que se acer­caba la hora de la des­pe­dida defi­ni­tiva. Enton­ces Robin Hood le pidió que ten­diera por él su arco y esco­giera una buena fle­cha en la aljaba.…

–Pequeño John –dijo–. Que­rido amigo, a quien quiero más que a nadie en el mundo, te ruego que mar­ques el lugar donde caiga esta fle­cha y allí hagas cavar mi tumba. Ente­rradme con el ros­tro hacia el este, Pequeño John, y pro­cu­rad que mi lugar de reposo se man­tenga verde y que mis can­sa­dos hue­sos no sean molestados.

Cuando ter­minó de hablar, se incor­poró de pronto y quedó sen­tado y erguido. Por un momento pare­ció que sus anti­guas fuer­zas vol­vían a él y, tirando de la cuerda hasta la oreja, dis­paró la fle­cha a tra­vés de la ven­tana abierta. Y mien­tras la fle­cha volaba, la mano que sos­te­nía el arco cayó len­ta­mente hasta apo­yarse en las rodi­llas, y todo el cuerpo se des­plomó del mismo modo en los lea­les bra­zos del Pequeño John; algo había salido de aquel cuerpo, en el mismo ins­tante en que la fle­cha salía dis­pa­rada del arco.

Durante varios minu­tos, el Pequeño John per­ma­ne­ció inmó­vil, pero por fin acostó con cui­dado el cuerpo de su amigo, cru­zán­dole las manos sobre le pecho y cubrién­dole el ros­tro, y luego dio media vuelta y salió de la habi­ta­ción sin decir una pala­bra ni hacer sonido alguno"

BIG FISH.

Ese final memorable en el que el hijo descubre durante los últimos minutos de vida de su padre que todas las historias maravillosas e increíbles que su padre le contaba de niño eran … verdaderas. "Lo curioso es que no se ve ninguna triste, porque todos se alegran de verte".

EL HOMBRE ELEFANTE.

Al final John Merrick, viendo que lo trataban como un ser humano, con la dignidad y respeto merecido, hace lo único que le faltaba para ser una persona, y que él no pudo hacer nunca: dormir recostado en una cama. Decide hacerlo aún sabiendo que morirá asfixiado por el gran tamaño de su cabeza…

LA STRADA.

Anthony Quinn vagando por la playa, oteando las estrellas, buscando en el infinito a la perdida Giulietta Massina. Su llanto desesperado final sigue siendo desgarrador.

CAMPEON.

La escena del niño llorando frente a su padre (John Voight, el boxeador que muere luchando por demostrarle a su hijo que es capaz de superarse). Hace muchos años que no he visto la película, pero creo que si volviera a verla esa escena final me dejaría igual de acongojado.

Al indagar algo más sobre esta escena de la película me ha sorprendido la noticia destapada por el profesor de psicología Robert Levenson, de la Universidad de California y su estudiante graduado, James Gross, quienes desde 1988 comenzaron a solicitar recomendaciones de películas con profunda carga emocional, a colegas, críticos de cine, empleados de tiendas de video y los amantes del cine. Esta proeza lo que hacía era comprobar científicamente que escena destapaba mas carga emocional ante los espectadores. Tras años de estudios, confirmaron que la escena con mas carga emocional corresponde a la secuencia final de "Campeón" protagonizada por Jon Voight y Ricky Schroeder. Anteriormente era Bambi la que encabezada dicha tabla, pero al parecer este clip destapa mas rápidamente tristeza.
 
DESCUBRIENDO NUNCA JAMÁS.

Terriblemente emotiva es la escena de Johnny Depp (interpretando a James M. Barry, el autor de Peter Pan) aconsejando al joven Peter tras la muerte de su madre.

La pregunta del pequeño Peter (que yo ya he escuchado a mi propio hijo) es demoledora en su sencillez: "Por que hemos de morir?". Incluyo el vínculo a la hermosa escena en el parque: "Solo hay que creer"
 
¡QUE BELLO ES VIVIR!

La película esta llena de momentos emotivos: Tres secuencias memorables: la primera, cuando se nos hace una presentación "celestial" de George Bailey, desesperado y a punto de intentar suicidarse; la segunda, cuando reconoce al viejo borracho del que todos se rien en el bar, y el tercero cuando llega a casa y se encuentra a todos para ayudarle.

EDUARDO MANOS TIJERAS.

Otra obra maestra del maestro Tim Burton. Su escena final, repleta de serena melancolia es preciosa. "Aun bailo bajo la nieve...".

lunes, 21 de noviembre de 2011

LOBOS CON PIEL DE CORDERO

Hará cosa de un año publique un libro de nazismo, en cuya escritura invertí un tiempo que me permitió conocer las tripas del nazismo y -salvando algunos detalles formales- encontrar ciertas similitudes con el partido de ETA; semejanzas por otra parte bastante obvias:


(1) cuando los nazis no consiguieron tomar el poder con la violencia callejera y terrorista, adoptaron una estrategia de "APARIENCIA DE LEGALIDAD" (básicamente entre 1931 y 1933). Esta vieja táctica - popularizada en 1513 por Maquiavelo con "El Príncipe"- esta muy bien documentada en el ascenso al poder del nazismo y estuvo perfectamente orquestada por un Hitler que tuvo que "escenificar" una moderación y ansias de paz que por supuesto no tenia

(2) Bajo esa apariencia - especialmente útil en Austria en donde los nazis estaban proscritos y en Alemania en donde el NSDAP iba perdiendo fuerza paulatinamente- lograron engañar a la mayoría de partidos políticos y, sin duda a una gran parte de la ciudadanía (aletargada por el paro, el miedo y las ansias de paz a cualquier costa),

(3) En paralelo, los nazis corrompieron y pervirtieron el lenguaje, crearon mitos (ariosofía, sangre y herencia ancestral), inventaron agravios, dominaciones y traiciones (la puñalada por la espalda, la judería internacional, la iglesia...) y forjaron mártires (Horst Wessel). Supieron instrumentalizar sabiamente la prensa, la radio y el cine; ante el silencio de la mayoría que en 1930 todavía no era nazi.

(4) Los nazis jamás tuvieron otro objetivo que la destrucción de un Estado al que odiaban y que sorprendentemente les facilito, sin resistencia, la toma del poder, a pesar de haber publicado sin disimulos, ni eufemismos, cuales eran sus intenciones. Un verdadero suicidio institucional

(5) una vez en el poder, ya conocemos lo que sucedió...

La Historia nunca se repite EXACTAMENTE igual, pero las similitudes en ocasiones abruman y los errores recurrentes avergüenzan tanto como enojan.

lunes, 14 de noviembre de 2011

SOBRE DEMOCRACIA REAL (POR MIGUEL ANGEL FRAILE NIETO)

Las coicidencias argumentales no suelen ser muy frecuentes, por eso cuando se producen, provocan el enorme consuelo de no estar solos.El artículo de Fernando "Democracia Real Ya y Agitprop" es un buen ejemplo.

Hace tiempo que el profesor Sartori destacó que el fenómeno más significativo del siglo XX había sido la conquista y la consolidación de las democracias representativas. Ahora, nos enfrentamos de nuevo ante movimientos abruptamente totalitarios. La petición de ¡democria real ya ! espoleados por el insensato de Hessel, llamando a los jóvenes a una toma de participación activa en el proceso de toma de decisiones, ha acabado en una charlotada de una indigencia intelectual notable. Vamos por partes:

a) ¿Democracia real?

Este tipo de afirmaciones parten de la premisa de que, hoy por hoy, no vivimos en una democracia y por ello la reclaman. Bien. ¿Sobre que postulados se va a construir esa democracia? ¿Qué instituciones ? ¿Quién garantiza los derechos políticos esenciales? De todo eso y de mucho más, nada dicen, solo esgrimen antorchas revolucionarias que piden el fin de un sistema democrático que dicen que no representa a la propia democracia. La falta de ideas es tal que no creo que deba aburrir más con este punto. Solo concluyo recordando a que la democracia real eran el modo en el que se autodenominaban los regímenes comunistas. La frase democracia real, es juego vacío de palabras. Marx al ser preguntado por si el socialismo lograría los más nobles ideales, respondía que: "El estado de naturaleza es la naturaleza del estado ".¡¡ Terrible !!.

b) Superación de las instituciones
 
Es decir, fin de los mecanismos de control y supervisión del poder y control asambleario al abrigo de una tienda de campaña y una botella de ron... Todo es tan patético que no creo que merezca argumentar ni una sola refexión contra los que frente al imperio de la Ley pretenden imponer una sarta de insensateces sin tino.
 
¡¡Cambio del sistema Electoral !!. Estando de acuerdo en el postulado, los que creemos que una democracia es un régimen de opinión pública y de pluralidad de partidos que garantizan la alternancia en el poder, creemos que una Ley Electoral puede ser cambiada por las fuerzas políticas reunídas en las Cortes. Pero,el movimiento democracia real, no cree en las institucines, así que ¿cómo y quién modificará para ellos la Ley Electoral ?
 
Concluyo con una cita de Popper: "La toma de conciencia de que siempre tendremos que vivir en una sociedad imperfecta, deviene del hecho, no solo de que hasta las buenas personas son imperfectas, sino también del hecho de que siempre existirán una irresoluble pugna de valores, que son insolubles porque los principios morales pueden estar en conflicto"

martes, 8 de noviembre de 2011

EL GRAN ROBERT GRAVES Y EL HUMOR BRITÁNICO

Para endulzar un poco estos dias insulsos, repletos de trivilalidades y mentes "light", recuerdo una anécdota sensacional que leí a Robert Graves hace muchos años en su novela de cuentos cortos “Un brindis por Ava Gardner y otros relatos”.

En los años 20 un grupo de aristócratas e intelectuales se reúnen en un castillo inglés para celebrar un partido de tenis. El campeón obtendrá un trofeo. Sin embargo, una vez reunidos, empieza a llover haciendo imposible el partido. Cambian de planes. Ganará la copa quien cuente la historia más maravillosa, la aventura más extraordinaria…

Estaban allí congregados famosos exploradores, nobles de rancio abolengo, escritores brillantes y ... un modesto funcionario. El pobre hombre iba escuchando, abrumado, las increíbles historias que narraban sus impresionantes contrincantes (qie si la caza del elefante salvaje, que si una lucha cuerpo a cuerpo con un juramentado filipino, que si el descubrimiento de algún río...) así que cuando le llegó el turno de narrar su historia reconoció humildemente que no tenía nada que contar comparable a lo que había escuchado de sus amigos. Nada comparable, salvo una historia pequeña pero igualmente maravillosa. Esta fue su historia:

Caballeros, a pesar de llevar casado mas de 40 años con mi esposa, cada vez que la poseo siento la misma pasión que la vez primera”.

Silencio impresionado entre los asistentes. Miradas de admiración. Ninguno de los caballeros allí presentes lo dudó. Aquella historia había sido la más maravillosa que se había escuchado esa velada y el hombre era merecedor del trofeo.

Tras entregarle la enorme copa, se retiraron a sus aposentos.

Al entrar en su dormitorio, su esposa seguía despierta. Le ve entrar con la copa y le pregunta de qué modo la ha conseguido. Cuando el explica que ha sido por contar la historia más extraordinaria de la noche, ella le escucha escéptica. ¿Cómo es que tú -mi pequeño y aburrido burócrata - has podido vencer a tus amigos los aventureros, militares y escritores? El hombre, sin atreverse a confesar a su mujer que había ventilado una intimidad tan privada de la pareja, distorsiona la historia diciéndole que lo que ha contado es que “cada vez que asiste con ella a la Sagrada Misa sigue sintiendo la misma devoción que la vez primera”. Su mujer abre enormemente los ojos y le reprende: ¿Cómo te has atrevido? ¡Eres un impostor y un descreído! ¡¡Hace años que lucho contigo para que me acompañes a misa y siempre te niegas!!

 La mujer, de una honestidad a prueba de bombas, sabe que esa copa se ha ganado con malas artes y debería ser devuelta. La pareja duerme esa noche enfadada, teniendo frente a ellos el enorme trofeo que brilla más que nunca, precisamente por ser tan inmerecido.
A la mañana siguiente el grupo se esta despidiendo. Todos se encuentran concentrados en el gran recibidor del castillo cuando nuestro matrimonio comienza a bajar las palaciegas escaleras. El hombre porta entre sus manos la enorme copa y su mujer se siente muy azorada al notar que las miradas de los concurrentes se clavan en ella. Los hombres la observarn con curiosidad algo insolente y las mujeres con una cierta envidia. Es demasiado. Se siente tan avergonzada que, súbitamente, se detiene en lo alto de la escalera y proclama con voz clara y solemne: “Señoras y caballeros, debo confesarles que…”eso” a lo que aludió mi marido la pasada noche solo lo hemos hecho juntos en tres ocasiones en 40 años de matrimonio: La primera vez fue antes de la boda y porque yo le obligué. La segunda vez fue el día de nuestra boda y porque no tenía más remedio y la tercera y última fue hace más de 10 años y ¡se durmió!”

Lo he escrito de memoria con mis propias palabras, pero leído directamente de Robert Graves es realmente sensacional.