lunes, 14 de mayo de 2012

ANTICLERICALISMO, RAZONAMIENTO Y FAROLAS.

El prefijo "anti" del anticlericalismo lleva implícito un componente de "acción" que irremediablemente o muy a menudo termina violentamente; bien sea violencia de baja intensidad (ofensas, insultos y escarnios diversos) o extrema (incendios, saqueos, privación de libertad, torturas, violaciones y asesinatos). Casi todos los "anti" que conozco (antiglobalización, anticapitalistas, antifascistas,...) suelen argumentar rompiendo farolas y quemando cosas. También los querellantes iconoclastas, llevados de su celo religioso se dedicaron a destruir imágenes (como hoy hacen los talibanes)

Creo que el anticlericalismo, suele terminar en "acción violenta" porque el rigor y formación intelectual que exige una oposición o critica razonada a los clérigos (en si misma una critica tan legitima como cualquier otra) no suele ser un atributo muy extendido entre la mayoría de ciudadanos, mucho mas dados al mensaje corto y simplista con el que son arrullados por la televisión y la publicidad, su fiel escudero. Todo debe ser rápido y con pocas palabras (twitter es su campeón). Simple. Que se entienda sin complicaciones. Y, además, divertido. Eso que puede servir para explicar "La abeja Maya", resulta más complicado para hacer comprensible "El Ser y la Nada" (suponiendo que tal ensayo tenga algún sentido), el sentido de la vida, la existencia de Dios o la función terrenal de sus siervos.

La mayoría de "slogans", consignas y demagogia anticlerical que conozco (tesoros vaticanos, curas pedófilos, adoctrinamiento escolar, parasitismo social, gastos suntuarios, ...) no resisten una critica ponderada de mas de un minuto entre personas ilustradas ... Sin embargo los tópicos anticlericales no están diseñados para un publico ilustrado (que, incluso ateo, sentiría ofendida su inteligencia ante tamaños lugares comunes) sino para una mayoría poco dada a la lectura y al razonamiento independiente; por eso tales tópicos se mantienen vigorosos y sin apenas cambios desde el siglo XIX. Precisamente, ese anclaje ideológico en siglo diecinueve confirma el conservadurismo paradójico pero real de la autodenominada progresía: ¿Cómo va a ser "progresista" una idea que mama de unas ubres tan amargas como centenarias?

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