![]() |
| ¡Si, usted... salga al escenario! |
El otro día asistí -con otros tantos padres solícitos- a una fiesta de cumpleaños de un amigo de mi hijo de 5 años. Los anfitriones habían montado algo por todo lo alto (hoy ya no basta con las bolsas de papas de antaño, devoradas en un jardín); culminando el acto con un plato fuerte consistente en ...¡¡un Mago!!. Hasta ahí todo perfecto. El Mago, justo es reconocerlo, era muy bueno y muy divertido. Sin embargo, en un momento determinado de su actuación empezó a "sacar" a padres al escenario. No se trataba de recabar una pequeña ayuda para cortar una baraja, para cerrar unas esposas o para elegir una cinta de colores, no. Les hacia actuar de lo lindo. De golpe regresé a los tenebrosos días del colegio: "¡Navarro, salga usted al encerado!". Risas y cuchicheos de mis compañeros que sabían a ciencia cierta que no resolvería la formula matemática planteada por el profesor.
Fue exactamente igual que hacia cuarenta años. "Si, usted, querido papa ¡al escenario!" Miré hacia atrás con la vaga esperanza de que se dirigiera a otro desgraciado. Pero no fue así. De forma instintiva (atavismo de supervivencia) me había colocado al final de la sala y detrás mío solo había una pared que, además, me impedía la huida. Con gestos discretos y un pálido amago de sonrisa (casi un rictus) le hice ver que prefería no salir y que yo no era nada bueno en esas lides. Vano intento. El Mago, cuanto mas desesperado me notaba, mas vehemente y divertido se ponía, insistiendo premioso en que saliera (el muy cabrón, si ustedes me permiten).
Finalmente, y ante mi resistencia mular, brincó rápido del escenario, atravesó el pasillo central y asiéndome con fuerza de un brazo me arrastró hacia el escenario. No se por qué razón sentí una terrible empatía por aquellos pobres mayas arrastrados a lo alto de la pirámide para ser sacrificados a mayor gloria de Tezcatlipoca. No quedaba sino zafarme del persistente Mago con alguna llave de Hapkido o, menos sofisticado, con puñetazo certero en sus narices; pero la mirada angustiada de mi hijo (acaso anticipando esa reacción impropia de un "honrado padre de familia") me persuadió de no hacerlo y aceptar mi amargo cáliz con resignación cristiana.
En pocos segundos, durante los cuales pude ver imágenes de mi vida a velocidad vertiginosa, me encontré en lo alto de un escenario y frente a decenas de niños sonrientes y otros tantos rostros de padres irónicos y relajados al verse ellos liberados de la expiación. El Mago entonces empezó a hacer gracias conmigo y a pedirme, cada vez mas imperioso, que le diera la replica. Insisto en que puedo llegar a ser muy divertido, pero en otras circunstancias y nunca en un escenario con un humor impuesto y que no brota de mi. Cuando milagrosamente se me ocurría alguna "replica" medianamente idiota con la que yo pensaba ser liberado, mi torturador me exigía que bailara algo o diera unas vueltas a una silla o que sacara la lengua al escuchar su silbato. Básicamente me pidió "hacer payasadas" durante 5 larguísimos minutos, no teniendo yo vocación, ni cualidades, ni sobre todo ganas para ello. Seguirle el juego era mortificante. Negarse hubiera sido aun peor.
Termino diciendo que cuando yo voy a un espectáculo, lo menos que espero es que sean otros los que actúen y no yo. Yo ya "actúo" en otros lugares y jamás se me ocurre empezar una de mis conferencias haciendo subir al estrado a alguien de la ultima fila -vestido de payaso- y pidiéndole que, por favor, exponga en 20 minutos los vicios y virtudes en la ética aristotélica.
Por todo lo cual, pongo en conocimiento de todos los magos y actores que en el mundo existen que la próxima vez que insistan en sacarme al escenario para hacer de mascota yo me limitare a darles una fuerte patada en los cojones (si ustedes me permiten el vulgar desahogo).

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tus comentarios son bienvenidos, con el único requisito del respeto y educación debida. El autor de este blog no se hace responsable de los comentarios o ideas vertidas por otras personas.