martes, 22 de mayo de 2012

EL MAESTRO DE HUITAR

Pienso en mi abuelo, "el maestro de Huitar". Poco antes de morir recibió la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio por algo tan simple y noble como haber pasado casi toda su vida enseñando a los niños de Huitar, una pobrisima pedania de Olula del Río, Almería.

Mi abuelo construyó con sus manos su escuela en un viejo establo y educó a generaciones de niños que luego salieron de Huitar y forjaron sus vidas lejos de la miseria que no habían tenido mas remedio que mamar. Nunca pegó a sus alumnos: su sola voz de barítono, su presencia ciclopea y, sobre todo, su abnegación bastaban para respetarle.

Perdió la vista con casi sesenta años, pues preparar las clases a la luz de un carburo acaba con la mejor retina. Por ello, por toda una vida de amor a sus niños y respeto a su profesión recibió la Gran Cruz. Y vivió para saberlo y llorar con sus ojos azules y ciegos al recibir tan alta dignidad.

Escribo todo esto porque era mi abuelo y le quería (todos sus nietos le amabamos y aun lo hacemos) y porque añoro sus historias, y también porque murió sin resentimiento por la Guerra Civil (no todos tuvimos los mismos abuelos que Zapatero o, mejor, no todos los abuelos tuvieron nietos como Zapatero). Y también escribo todo esto porque hay condecoraciones y reconocimientos merecidos y hay otras que no son mas que chatarra.

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