"Quiero terminar contando una pequeña historia sobre Adérito, uno de nuestros empleados en Angola. Me la contó una noche de 2001, cuando teníamos tiempo para charlar bajo la pálida luz de millones de estrellas invisibles desde Europa. Como en aquella época yo estaba terminando de escribir mi primer libro, Adérito me dijo que si algún día yo escribía sobre su país le gustaría que contara algo sobre él. Voy a hacerlo no por satisfacer su demanda sino porque la humanidad de su historia merece cerrar este viaje alrededor de la ética. Aquella noche Adérito me contó que años atrás, siendo él un joven soldado y huyendo en plena desbandada de su ejército -tras una contraofensiva de la guerrilla Unita- había cargado a sus espaldas con un viejo camarada herido de muerte. Lo había llevado a cuestas durante casi cien kilómetros, cruzando la sabana y los páramos abrasadores, y lo había hecho sabiendo que su compañero iba a morir desangrado por una herida de bala en el estómago que no tenía solución. Adérito sabía que aquel hombre moriría y, sin embargo, continuó la retirada con el agonizante sobre sus espaldas mientras Unita avanzaba implacable y cruel, sin hacer prisioneros. Cuando le pregunté si no pensó en algún momento abandonarlo en algún lugar, pues con una carga extra así estaba ralentizando su huida y exponiendo sus vidas, me dijo: “No pesaba, era mi camarada”.
Quizás está escueta frase de Aderito esconda la razón moral que impulsa al ser humano a hacer o evitar ciertas cosas y a los profesionales de cualquier actividad a actuar responsablemente."
NAVARRO, F. Responsabilidad Social Corporativa (ESIC, Madrid, 2012 - 2ª edición, pág. 397)
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