viernes, 28 de diciembre de 2012

Las cosas más reales son aquellas que ni los chicos ni los hombres pueden ver



Hace mucho tiempo, el 21 de septiembre de 1897, “The Sun, un periódico de Nueva York desaparecido en 1950, publicaba la respuesta del diario a una carta enviada al director por una niña de ocho años que respondía al nombre de Virgina O´Hanlon.

La pequeña, que vivía en el 115 Oeste de la calle 95, en el elegante Upper West Side de Manhattan, preguntaba a “The Sun” algo absolutamente elemental y trascendental para alguien de su edad: “Estimado director: Tengo ocho años. Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe. Mi papá me ha dicho: si lo ves escrito en el Sun, es que existe. Por favor, dígame la verdad; ¿existe Santa Claus?”

Lo que en cualquier redacción del mundo hubiera ido directamente a la basura, se convirtió gracias a la pluma del periodista Francis P. Church, en un artículo editorial inolvidable que, todavía hoy, se sigue publicando, en fechas navideñas, en muchísimos medios informativos del mundo.

El veterano reportero, que había cubierto varias guerras y conflictos a lo largo y ancho del mundo, recibió con desagrado inicial la tarea de dar cumplida respuesta a la carta, tal y como le había encargado el director del periódico, Edward Mitchel. Pero, a pesar de ello, Francis P. Church compuso una auténtica obra maestra, imposible de relegar al polvo del olvido que habitualmente se acumula en las hemerotecas.

LA CARTA AL DIRECTOR DE VIRGINIA:

Querido Editor: Tengo 8 años. Algunos de mis pequeños amigos dicen que Papá Noel no existe. Papá dice "Si lo dijeran en 'The Sun', así sería". Por favor díganme la verdad ¿existe Papá Noel. Virginia O'Hanlon.




RESPUESTA DEL PERIODISTA FRANCIS P. CHURCH:

Virginia, tus pequeños amigos están equivocados. Ellos han sido afectados por el escepticismo de una época escéptica. Solamente creen lo que ven. Piensan que no existe nada que no sea comprensible por sus pequeñas mentes. Todas las mentes, Virginia, sean de hombres o de chicos, son pequeñas. En nuestro gran universo, el hombre es un mero insecto, una hormiga, en su intelecto, en comparación con el mundo ilimitado alrededor, y con la inteligencia incalculable necesaria para aprehender toda verdad y conocimiento.

Sí, Virginia, Santa Claus existe. Él existe con tanta seguridad como existen el amor y la generosidad y la devoción, y tú sabes que ellas existen y dan a tu vida la mayor belleza y alegría. ¡Ay! qué triste sería el mundo si no existiera Papá Noel! Sería tan melancólico como si no hubiera Virginias. Entonces no habría f infantil, ni poesía, ni romanticismo para hacer tolerable esta existencia. No tendríamos ningún placer, excepto por la razón o por la vista. La luz con la que la niñez llena el mundo se habría extinguido.

¡No creer en Papá Noel! También podrías no creer en las hadas. Podrías hacer que tu papá ponga hombres a mirar en todas las chimeneas en Nochebuena para encontrar a Papá Noel, pero aún si no vieran a Papá Noel bajando, ¿qué probaría eso? Nadie ve a Papá Noel, pero eso no es una señal de que no existe. Las cosas más reales en el mundo son aquellas que ni los chicos ni los hombres pueden ver. ¿Viste hadas bailando en el prado? Por supuesto que no, pero esa no es una prueba de que ellas no estén allí. Nadie puede concebir o imaginar todas las maravillas que todavía no se han visto o que son invisibles en el mundo.

Puedes romper el sonajero de un bebé y observar qué es lo que genera el ruido adentro. Pero hay un velo cubriendo el mundo invisible que ni el hombre más fuerte, ni aún la fuerza unida de todos los hombres más fuertes que alguna vez hayan vivido, puede romper. Solo la fe, la poesía y el amor romántico pueden descorrer esa cortina y mostrar la suprema belleza y gloria que hay detrás. ¿Es todo eso real? Ah, Virginia, en este mundo no hay nada más real y perdurable.

¡Que no hay Papá Noel! Gracias a Dios, él vive y vivirá para siempre. Dentro de mil años, Virginia, más aún, dentro de 10 veces 10.000 años, él continuará alegrando el corazón de los niños.

Francis P. Church, "The New York Sun", 1897

LA INFANCIA DE JESUS



Acabo de leer LA INFANCIA DE JESUS, de Joseph Ratzinger Benedicto XVI (ed Planeta, 2012), una obra que me apresuro a recomendar (algo que no hice con sus anteriores libros sobre Jesús pues me resultaron más teológicos que históricos). Y no la recomiendo solamente por las fechas que vivimos, sino también porque aporta algunas ideas y datos históricos sobre el nacimiento e infancia de Jesús muy interesantes. El tratarse, además, de un estudio realizado por un Papa redobla su interés.

Comparto con quien desea leerlas, algunas notas que he ido tomando mientras avanzaba la lectura de esta obra. Añado siempre entre paréntesis la página del libro en la que se recoge la idea anotada.

1.      Nacimiento virginal de Jesús: el papa en este apartado no tiene demasiado margen de maniobra, ni puede hacer demasiadas concesiones a la ciencia, zanjando el debate con un "Dios triunfa sobre las leyes de la materia" (págs. 62-63). Indiscutible para un creyente, pero poco convincente para quien no lo es o simplemente duda.

2.     Fecha del nacimiento de Jesús: Benedicto XVI reconoce el error de cálculo del monje Dionisio el Exiguo y afirma que la fecha real del nacimiento fue unos años antes (págs. 68-69). Aunque esto es algo bien sabido por todos los historiadores, reconforta comprobar que el Papa se suma con su autoridad a la moderna historiografía. Aporta, además, una interesante la explicación cronológica del famoso "censo de Cirino" (básica para ubicar cronológicamente el nacimiento de Jesús entre el 7-4 antes de Cristo), a la que alude Flavio Josefo.

3.      Lugar de nacimiento: no hay dudas y su explicación es bastante convincente: "Jesús nació en Belén y creció en Nazaret" (pag. 73). Ésta es precisamente una de las explicaciones del Papa que más convincente resulta. Lo tenia difícil porque, como es bien sabido, la elección de Belén como lugar de nacimiento de Jesús tenía toda la pinta de haber sido forzada por los evangelistas para "demostrar" la profecía del nacimiento del "rey de los judíos" en una ciudad cuna de reyes (David nació en Belén). Igual sucede con otros pasajes de la natividad (genealogía de Jesús entroncada con el rey David por parte de José padre "adoptivo", nacimiento virginal, huida a Egipto, matanza de los inocentes,...), pero la explicación histórica que da Benedicto XVI está bien fundamentada. No voy a explicarla pues el papa ya lo ha hecho en su libro, pero adelanto que tiene que ver con el censo de Cirino y la necesidad de desplazarse el padre (José) a su ciudad de origen para dar fe de sus propiedades. Encaja bien, pero no excluye otras interpretaciones.

4.      El asno y el buey, que tan estúpida polémica han suscitado entre quienes no han leído jamás los Evangelios. Dejo hablar a Benedicto XVI: "El pesebre hace pensar en animales, pues es allí donde comen. En el evangelio no se habla en este caso de animales" (pag. 76).  Benedicto XVI, sin embargo, reconoce la fuerza iconográfica que tiene la tradición ("Ninguna representación del nacimiento renunciara al buey y al asno", pág. 77) aunque el buey y el asno no aparezcan expresamente en los Evangelios (eso lo sabe cualquier escolar que haya leído a Mateo o Lucas). El papa cierra este anecdótico apartado, calificándolo muy acertadamente de divagación: "después de esta divagación, volvamos al texto del evangelio" (pag. 77). Y creo que tiene toda la razón: esa "divagación" ni tiene importancia histórica, ni moral ni teológica.
 
5.      Interesante también la explicación del canto de los ángeles ante el nacimiento de Jesús: "Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad", sobre la cual Benedicto XVI también hace algunas precisiones basadas en la más moderna exégesis. Mejor que "hombres de buena voluntad", se trataría de "hombres en los que Dios se complace" dando a entender que Dios ama a quien recibe la gracia de amarle en libertad (pags. 81-82). ¿Ama solo a quien le ama? Se trata de una afirmación que puede sorprender un poco, pues uno siempre pensó que Dios amaba a todas las criaturas, pero el papa deja abierto el gran interrogante de la Gracia de amar a Dios y la Libertad del hombre para hacerlo o no (pág. 83).

6.      Los Reyes Magos de Oriente: Resulta también muy racional la explicación de los "Magos (sabios, astrónomos) de Oriente" en los que el papa quiere ver una señal de la "sabiduría que conduce a Dios" (págs. 98 y ss); pero asumiendo también que en "Hechos de los Apóstoles" el Mago es más bien un representante del demonio o en el mejor de los casos un embaucador (pág. 99). En este capítulo, el papa vuelve a enfatizar la verdadera fecha "histórica" del nacimiento de Jesús (en el año 6 o 7 antes de Cristo) para ponerla en relación con "la conjunción astral de Júpiter, Saturno y Marte en el signo zodiacal de Piscis" (alude a Keppler y la teoría del cometa) sobre cuya base al parecer se esperaba el nacimiento del "dominador del mundo" (de nuevo, el papa se apoya en argumentos de autoridad histórica como son Tácito o Suetónio, lo cual es muy de agradecer).

Al igual que hiciera con el asno y el buey, el Papa también desmonta el calificativo popular de "Reyes" al que tilda igualmente de tradicional ("y con los Reyes han entrado los camellos y los dromedarios en el pesebre", pág. 102) y cuya "incorporación" vincula a otros libros de la Biblia, tales como "Salmos" o "Isaías".

7.      La matanza de los inocentes perpetrada, según los Evangelios, por Herodes no queda, sin embargo, suficientemente justificada. El Papa, no obstante, explica bien el contexto histórico y los crímenes "políticos" - históricamente probados- de Herodes (sus tres hijos, justo entre los años 6 y 4 antes de Cristo, momento -repito- en que nació Jesús). Concluye que aunque no hay pruebas históricas, una matanza así muy bien pudo producirse tratándose de un personaje como Herodes, cuya "realpolitik" no sería frenada por unas decenas de niños (págs. 113-115).

8.      El libro termina con el epílogo "Jesús en el templo a los doce años" (págs. 124-132). Es quizás el capítulo que menos me ha aportado, pues el simbolismo de la conversación de Jesús con los sacerdotes del Templo y la respuesta que da a sus padres es demasiado evidente. Se explica sin necesidad de mucha ayuda.

En resumen, LA INFANCIA DE JESUS es una obra amena, historicista y honesta en sus planteamientos (reconoce errores y acepta dudas y lagunas). Sin embargo, el Papa no puede explicar -tampoco lo pretende- algunos de los dogmas de fe como la virginidad de María (en sus obras anteriores tampoco lo hizo con la Resurrección). No tiene más remedio que apoyarse en el recurso de "Dios está por encima de las leyes de materia", un argumento que nunca satisfará al estudioso que carezca de fe. Merece la pena leerla y congratula saber que el representante de Dios en la tierra es capaz de realizar tan interesante ensayo, sin caer en la tentación del “Roma locuta, causa finita”.

LA MODA DE LOS LIBROS DE HISTORIA BASADOS EN ARCHIVOS “SECRETOS”



Siempre han proliferado ciertas obras pretendidamente históricas, fundadas en "documentos secretos". Procópio de Cesárea escribió una apasionante "Historia Secreta" en donde despellejaba al emperador Justiniano y que ha sido fuente de autoridad muy citada, a pesar de sus numerosas inconsecuencias (el genial Robert Graves la utilizó para escribir “El Conde Belisario”). Lamento ser un aguafiestas para los amigos de este tipo de literatura pero cuando leo que una investigación está fundada en "archivos secretos" o "expedientes ocultos”... siento algo que oscila entre la risa y la furia. Una irrisoria irritación, podríamos decir. 

Quienes basan sus fantasías en "archivos secretos" juegan tramposamente con la ventaja del autor de ciencia-ficción: no necesitan ser científicos, ni haberse pasado toda la vida rodeado de probetas y teoremas; pues les basta solo con su portentosa imaginación. Sin embargo el escritor de ciencia-ficción no pretende "descubrir" nada, ni desvelar verdades ocultas salvo entretener... a diferencia de los falsos historiadores que han descubierto lo sencillo que es vivir a costa de la credulidad de sus lectores.

¿Por qué he escrito "falsos historiadores"? (dejando a salvo notables excepciones) Me explicare... Si algo tiene la Historia como disciplina "científica" es que se basa en documentos; en textos ESCRITOS y en otras fuentes que dejan "rastro" (sellos, símbolos, numismática, epigrafía, pintura, diplomática,...). Todo lo demás a lo que pretenciosamente se llama "oculto", sencillamente no existe o es irrelevante a efectos históricos. No podemos construir Historia (con mayúsculas) sin nada tangible (documentos) que la sustente. Si aceptamos la creciente proliferación de "historias secretas", al final un grupo de indocumentados (en sentido literal, al carecer de documentos que acrediten sus tesis) van a ir imponiendo una historia más improbable que la existencia de Zeus o de las hadas (a las que, por cierto, llego a fotografiar el escritor Conan Doyle).

Este tipo de escritores quieren vendernos la burra de unos supuestos "archivos secretos" (vaticanos, CIA, Congreso, Masonería...) a los que nadie ha conseguido acceder salvo ellos, naturalmente, lo cual es casi de astracanada. No dudo, ni niego que existan documentos desconocidos (mas que ocultos) en innumerables lugares, y tiempo habrá para descubrirlos, rescatarlos y analizarlos. La Historia es eso: cambio y análisis permanente, ante la aparición de nuevas fuentes (como autor modesto de algunos libros de historia me veo obligado a revisar mis conclusiones continuamente, pues en el estudio de la Historia nada es permanente y todo muta). Por eso y por el respeto que le tengo al oficio de historiador me parece muy poco serio forjar teorías conspiratorias o de esas que "cambiaran la Historia" sobre la base de la simple imaginación calenturienta y de "secretos" que, precisamente por ser secretos, no permiten ser contrastados por otros historiadores. Insisto: no es nada serio y juegan con la ventaja de afirmar cualquier idea peregrina sustentada en que las pruebas de tal disparate están "ocultas" o son "secretas" para todos menos ... ¡para ellos!.

Sin duda, debe haber numerosos documentos ignorados, perdidos o extraviados, pero dudo mucho que quienes publican libros de "secretos ocultos" los hayan visto alguna vez o si lo han hecho que hayan llegado a entender algo, entre otras cosas por desconocer en su gran mayoría los rudimentos de ciencias auxiliares esenciales para "leer" viejos documentos. Me estoy refiriendo a la numismática, la paleografía o la heráldica, por mencionar solo tres... Ni que decir tiene que tampoco son capaces de traducir lenguas muertas, empezando por el griego clásico o el latín; ni por supuesto otras lenguas esenciales para manejar fuentes primarias (hebreo, arameo o sánscrito). En general, y salvando alguna honrosa excepción, creo que son vividores (y en el mejor de los casos de ingenuos curiosos) que gustan disfrazarse de Indiana Jones, sin tener ni su vigor físico ni por supuesto su ciencia. Como diría Obi-Wan-Kenobi: "perciben el valor de la Historia, como una cuchara apreciaría el sabor de la sopa".

Un argumento que suelen esgrimir este tipo de pícaros es que el "sistema científico ortodoxo" y los propios "poderes ocultos" les impiden acceder a los "archivos secretos" (al parecer con escaso éxito, dada la cantidad de libros que publican). Frente a ello me permito esta reflexión: si yo fuera la Iglesia o la CIA y en mi mano estuviera dejar o no documentos sensibles del dogma o la política exterior norteamericana, muy probablemente no los prestaría a cualquier pelanas que quisiera "interpretarlos" o simplemente manosearlos sin acreditar la mínima preparación intelectual necesaria para ello. Hacen falta décadas de estudio sistemático y abnegado para apreciar adecuadamente tres  líneas de ciertos textos. Es lógico que la iglesia y otras grandes instituciones quieran evitar la trivialización de sus textos (sagrados o no), para evitar que cualquier advenedizo extraiga conclusiones tan peregrinas como fácilmente digeribles por un público cada vez mas crédulo

¿Es eso "secretismo" o simplemente respeto por sus fuentes documentales? Creo que lo segundo. Con ello no quiero decir que ciertos documentos históricos deban permanecer sellados en alguna cámara acorazada (al menos aquellos distantes en el tiempo; sin impacto en la seguridad nacional de los estados). No propugno eso, sino más bien que sean accesibles a quien acredite el conocimiento necesario para su estudio. Dicho de otro modo: Yo no presto ciertos libros de mi biblioteca a cualquiera. Llamadme elitista. Puede que tengáis razón.

viernes, 23 de noviembre de 2012

NO AMORDAZARAS LA ÉTICA CÍVICA: SOBRE LA QUERELLA DE TELECINCO

Tele 5 se querella contra Pablo Herreros, el blogero que promovió el boicot contra el nauseabundo programa "La Noria" afirmando que utilizó "amenazas y coacciones. Si ese es su principal fundamento jurídico, me temo que su querella no va a prosperar.


Todo el mundo entiende que tanto para la amenaza como para la coacción debe de existir una fuerza superior (fuerza física, autoridad, poder, armas...) con capacidad real de dañar. No parece ser el caso cuando se trata del órdago de un simple ciudadano enfrentándose abiertamente (sin cartas anónimas, ni pasamontañas) a una de las cadenas de televisión mas importantes del país.

Pablo Herreros actuó con responsabilidad individual, exigiendo a los anunciantes en dicha televisión que pensaran mejor a que tipo de programas estaban financiando y que "respondieran" de sus actos. Las implicaciones morales de su publicidad no es materia que preocupe habitualmente a los anunciantes pues su criterio básico es la "cuota de pantalla" (la audiencia); eso es cierto, pero la campaña de Pablo Herreros vino a señalarles que si lo que quieren es vender mas tendrían que empezar a pensar también en ciertas pautas morales, en una cierta ética cívica que es apoyada por una abrumadora mayoría de ciudadanos (sean o no audiencia de Tele 5). Las empresas, y por lo tanto los anunciantes y las cadenas de televisión, no deberían olvidar que los consumidores son también ciudadanos y, cada vez, mas responsables.

¿Amenazas y coacciones de Pablo Herreros a los anunciantes de Tele 5? Aunque las palabras pueden ser muy amenazantes (las vemos a diario en ciertos partidos o grupos de corte totalitario, incluso cuando tratan de aparentar moderación) creo que la opinión y la discrepancia abierta y dentro de la ley nunca puede ser una amenaza. Si así fuera, las innumerables críticas, opiniones, valoraciones, juicios morales y debates que existen a diario en todos los medios de comunicación serian susceptibles de querella pues con ellos lo que buscamos es un cambio de actitud promoviendo una determinada idea social. ¿Se imaginan a los fabricantes de tabaco querellándose contra tal asociación anti-tabaco por haberles dañado el negocio? ¿O a un fabricante de coches deportivos querellándose contra la DGT por sus eficaces campañas de marketing social? Cosa distinta es calumnia, esto es, achacar a alguien una mala conducta o un delito que además resulta falso. Pero no es por eso por lo que se han querellado contra Pablo Herreros.
Creo que lo que hizo Pablo Herreros al promover el boicot publicitario contra Tele 5 fue precisamente agitar la responsabilidad social de los anunciantes, de una sociedad que no solo consume sino que piensa y siente y en ultima instancia de la propia Tele 5. Una acción directa y no violenta ni coativa, tendente a enderezar unas malas practicas que ofenden los valores de muchos ciudadanos.

Es un error de Tele 5 haber vuelto a las andadas al querellarse contra una persona por el simple hecho de defender una idea que cuenta con las simpatías de una mayoría de la sociedad y que ha conseguido mostrar la fuerza y el valor práctico de la llamada Responsabilidad Social Corporativa. Me temo que es una batalla que Tele 5 volverá a perder pues va en contra de la corriente social imparable de exigir valores a sus instituciones.

Por cierto, éste reflexión no pretende ni amenazar, ni coaccionar a nadie.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

LO PÚBLICO, LO PRIVADO Y LO PRIVATIZADO.

Hay varios prejuicios y apriorismos cuando se habla y se defiende apasionadamente "lo público", una responsabilidad esencial del Estado democrático que -me apresuro a indicar- yo también defiendo pues si ello no es concebible una sociedad justa y distributiva. Sin embargo, en la defensa de lo público existen algunas inconsecuencias que me gustaría reseñar, como celoso ciudadano que paga sus impuestos en la esperanza de que serán bien gestionados. A mi no me basta con que el político de turno me diga que como se trata de gestión pública, debo mantener cerrada mi boca. Soy poco dado a idolatrías. Revisemos algunos dogmas de fe sostenidos por los defensores a machamartillo de “lo público” y diseccionemos sus inconsecuencias:

Dogma 1. Lo público es intrínsecamente bueno; esto es, ha sido bendecido por los dioses para no torcer jamás su camino. Dicha perfección no solo es absoluta sino incuestionable cuando está en manos de gobiernos de izquierdas pues la izquierda, como es bien sabido, se desvive para garantizar el bienestar universal de todos los hombres (y mujeres y transexuales). Por el contrario, lo privado es malo y depredador y está envenenado con el pecado original de la avaricia y otros muchos desordenes (por ejemplo, eficacia y rentabilidad ¡espantosa palabra!).

Dogma 2. Lo público ni se crea, ni se destruye; simplemente se transforma. Es como la luz solar o la fuerza del viento, algo a lo que quizás ya estaba aludiendo esotéricamente Zapatero cuando en diciembre de 2009, en Copenhagen, recitó aquel bello haikú que aún nos estremece: “La tierra no pertenece a nadie; solo al viento”. Lo público según esta visión “energética” es brillante, cegador, fuerte y eterno. Sin embargo lo público, a juzgar por los tercos datos empíricos, no es ni eterno, ni un recurso infinito. Lo estamos comprobando dramáticamente hoy tras 7 años de haikús y lirica de religiones "new age". Lo público esta limitado a los ingresos del Estado y por su capacidad de endeudarse moderadamente. En crisis brutales como la actual (dejemos ahora quien o quienes la causaron) solo un niño mimado podría exigir seguir succionando de una teta materna que más que seca está exangüe.

Dogma 3. “Lo público no es de nadie”. En contra de ésta irresponsable visión de una líder del PSOE, de cuyo nombre no quiero acordarme[1], hay que insistir en que lo publico si tiene dueño - los ciudadanos que tributamos o desearían hacerlo - y por lo tanto hay que saber gestionarlo con prudencia, mesura, eficacia y eficiencia. Precisamente lo que durante años de alegre derroche no ha sabido hacerse, a pesar de que en las comunidades con peores resultados (sanitarios y educativos) es en donde mas se ha gastado ese "dinero público de nadie" y mas empleo publico existe (1 de 4 empleados en Andalucía y Extremadura es publico, frente al 1 de 15 de media en España). ¿Como es posible que en donde mas se ha gastado en “lo público”, los resultados (paro, escolarización, tasas de abandono...) sean tan nefastos? ¿Será que no ha sabido distinguirse entre “gasto” e “inversión”?. Al fin y al cabo, lo público no era de nadie, una especie de "res nullius" que cualquiera podía tomar y exprimir ilimitadamente.

Dogma 4. La privatización despoja al estado de sus competencias y responsabilidades para con los ciudadanos. Otra afirmación absolutamente falsa, pues la privatización no resta protagonismo a lo público, ni al Estado. Al contrario; una privatización simplemente descongestiona y racionaliza los escasos recursos públicos (es preciso insistir en la idea de “recursos escasos” para contrarrestar el dogma nº 2) y permite que el Estado (que, ojo, jamás pierde el control de lo publico como falsamente se afirma por los devotos del gasto ilimitado) pueda subcontratar con quien acredite mayor eficacia/eficiencia. Esta privatización deja al Estado las manos libres para centrarse en lo que realmente es importante (estrategia publica, evaluaciones de impacto, mejoras) y le libera de la mera gestión (un perfecto ladrón de tiempo y de recursos). ¿Es eso tan horrible? ¿Es malo que el Estado delegue la simple gestión en empresas que son mas eficientes/eficaces gestionando los recursos públicos? ¿Es malo que si prestar un buen servicio publico puede abaratarse un 30% o un 50% subcontratandolo en alguien mas eficaz no se haga por el simple hecho de cierta veneración ciega a todo aquello santificado con la etiqueta de publico?

Dogma 5. Privatizar acabara con los funcionarios encargados de la función pública. Otra falsedad descarada. Los funcionarios públicos son necesarios y un instrumento esencial para garantizar la independencia de pilares básicos del Estado. Nuestros funcionarios son, en general y en contra de leyendas negras, excelentes y han superado pruebas de acceso muy exigentes. Sin embargo, cuando se habla de empleo público conviene distinguir entre personal funcionario (oposiciones publicas, transparentes y con procesos de acceso bien claros y reglados) y personal contratado (hipertrofiado durante décadas y con formulas de acceso asaz variopintas). Una privatización racional supondría que lo que hoy realizan 100 contratados públicos (que no funcionarios) podría ser realizado con idénticos o mejores resultados por, digamos, 60 trabajadores de una empresa privada subcontratada por el Estado. ¿Es tan terrible esto? A mi no me lo parece, a pesar de que no soy ajeno al drama que probablemente supondrá para todos aquellos contratados públicos que perderán un trabajo que acaso nunca se les debió ofrecer.

Dicho todo lo cual debe quedar claro que el Estado siempre será quien defina, controle y evalúe las políticas publicas, sin dejar que el criterio económico (siendo muy importante) sea el único a considerar. Habrá aspectos educativos y sanitarios que nunca podrán ser "rentables" o al menos su rentabilidad deberá ser medida sobre la base de parámetros sociales. Otros muchos, sin embargo, podrán abaratarse sustancialmente y (¡oh, paradoja!) incrementar su nivel de rentabilidad social. Una buena gestión, sin importar si es publica o privada, es siempre la mejor manera de mejorar el servicio del Estado a los ciudadanos y de gestionar racionalmente los impuestos que tanto sacrificio nos cuesta aportar a las arcas públicas.

[1] Está bien, lo diré: Se trata de Carmen Calvo, ex ministra de Cultura del PSOE. He aquí la perla completa: "Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie" (entrevista en ABC de 29 de mayo de 2004)

viernes, 2 de noviembre de 2012

LA FÁBRICA DE IRRESPONSABLES

Sorprende que de todo lo leído y oído sobre la tragedia en el "Madrid Arena" la mayoría de las críticas vayan hacia la empresa, el ayuntamiento y la policía y muy pocas hacia el verdadero causante del drama: el canalla (o canallas) que decidió lanzar una bengala en un local rebosante de gente.

Seguimos sin atrevernos a señalar a los verdaderos culpables (sin querer exonerar de su responsabilidad a las restantes partes, por supuesto). Seguimos favoreciendo la irresponsabilidad social de una sociedad cada vez más inmadura; más acostumbrada a que siempre sea otro el responsable. Seguimos potenciando la irresponsabilidad a costa de descargar el peso de la culpa de quien realmente la tiene.

Quien encendió la bengala es responsable directo de la muerte por aplastamiento de tres jóvenes, pero pudieron ser muchas mas víctimas por incendio. Una bengala en medio de una muchedumbre disfrazada con túnicas, capas y otros abalorios de Halloween (probablemente bien rociados de alcohol) pudo causar un infierno aun mayor. Sin embargo, el asesino que lanzó esa bengala estará hoy leyendo en la prensa – o, mejor, viendo en la televisión-  que "no había suficiente policía" (como si 5 policías mas pudieran evitar una estampida) o que "en el local había mas gente de la permitida" y hasta "menores de edad" (sociedad hipócrita que se rasga las vestiduras cuando un menor de 18 entra en una discoteca y, sin embargo, acepta sin rechistar que pueda abortar sin conocimiento de sus padres).

Ese asesino irresponsable estará hoy tranquilizando lo que tenga de conciencia, ya que una responsabilidad diluida entre tantos pesa mucho menos. Lo dicho: todos culpables, menos el malnacido que encendió la bengala.